Domar a la bestia o liberarla.
Reflexiones, pedagogías sobre el cuerpo.
La gran palabra. Pedagogía.

Conceptos de Pedagogía según la RAE:

  • Ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza
  • Capacidad para enseñar o educar

Educar. RAE:

  • Dirigir, encaminar, adoctrinar
  • Desarrollar o perfeccionar las facultades morales intelectuales
  • Perfeccionar o afinar los sentidos

 

Domar a la bestia.

Nacemos, crecemos y nos desarrollamos en un entorno donde el cuerpo es normado.  El cuerpo “animal ” – “aprende”  del entorno, en una batalla entre el instinto de supervivencia y adaptación; rodamos, nos sentamos, gateamos y damos nuestros primeros pasos. La coordinación óculo – manual se desarrolla y nos entregan instrumentos como la cuchara para alimentarnos de manera correcta. De allí en adelante comienza nuestra travesía por las normas, reglas y entrenamiento sobre el cuerpo. El paso a la escolaridad es la puerta de ingreso a un mundo de reglas, formados, firmes, de pie, sentarse, tomar distancia, orden de estatura. Nuestros cuerpos comienzan a responder a estas órdenes de forma automática, nos automatizamos, asumimos las normas como parte de nuestra rutina para una buena convivencia.

En algunos casos como impulso propio lleno de curiosidad, en otros como el sueño de nuestros padre y madre, llegamos un día a la escuelita de ballet, con un bello tutú, cada cabello en su lugar, unas limpias zapatillas y, cargadas de emoción, es en este lugar en donde el cuerpo adquiere otro valor. No bastan las normas sociales y el entrenamiento corporal adquiere un rigor explícito; para muchas es el lugar donde se han puesto a prueba nuestras capacidades físicas, mentales, disciplina y obstinación.

En el camino nos encontramos con maestras y maestros, todos diferentes; está desde la que canta y juega a las princesas, hasta la/el que te dice en más de una ocasión que tu cuerpo no es para la danza, o procura pesarte cada semana, pero este es un tema para otra reflexión. Todo esto nos condiciona a cumplir ciertos “parámetros” para llegar a la imagen idílica de la danza. Aquí comienza una relación de amor-odio.

Liberar a la bestia 

Y es entonces cuando todo se pone gris. Nuestro cuerpo no es el mismo, aparece una lesión, en la audición no consigues el papel por el trabajaste mucho, la maternidad, los años, la vida  etc. Nos replanteamos los procesos que nos llevaron a ese lugar y, sobre todo, comenzamos a escuchar a nuestro cuerpo; en algunos casos, a escucharlo por primera vez. En ese momento buscamos a aquellos maestros y maestras mediadoras, guías que nos ayudan a ubicar nuestra corporalidad nuevamente en el camino; muchas veces somos nosotras mismas haciendo un camino más gentil. Y entendemos que hay una infinidad de caminos, como infinidad de cuerpos, de seres y sentires y que en la danza se trabaja con todo en conjunto.

Las expectativas / La educación

La verdad es que no todo buen bailarín o bailarina será un buen profesor.  Ser profesor, maestro, implica no solamente el conocimiento de técnicas y procesos, es fundamental saber transmitir estos saberes y en la danza, que trabaja con el cuerpo, que es tan sensible, lo fundamental es poder acompañar los diferentes procesos. La docencia es un acto enormemente generoso, del que no todos somos capaces.

Las denominadas pedagogías activas como, Waldorf, Montessori, Escuela democrática, etc. Afirman que el conocimiento se adquiere a través de la experiencia, de la práctica activa, de tocar, sentir, mover. La enseñanza en danza vive y hace tangible esta experiencia en cada una de sus clases, de talleres, del encuentro, de ese dar y recibir.

La educación en el sistema tradicional se empeña en el molde, pero ahí estamos para romperlo, para liberar a la bestia, para dar opciones, mostrar caminos y acompañar procesos.

Abrazamos varios procesos que se encuentran en la academia pero, sobre todo, nos nutrimos del camino compartido con maestras, maestros, compañeras, compañeros que nos encontramos en el camino, en el quehacer del oficio, quienes han estado prestos a compartir.

¿Para qué enseño danza? Pregunté.

Porque no encuentro otra forma de entender el mundo.

Porque es mi forma de compartir con los demás.

Porque es necesario el acceso a las artes, generar sociedades sanas, libres.

Porque tuve una buena maestra y quiero ser como ella; porque ella me permitió ver el mundo con otros ojos, elegir este camino, conocer personas extraordinarias y pensar y hacer estas cortas reflexiones.

 

Foto: Rita Rodríguez Vargas

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