La Escucha: metodología del trabajo de la compañía Talvez-Danza Contemporánea

La Escucha es el nombre dado a la metodología madre de trabajo de la compañía Talvez– Danza Contemporánea. El nombre surge luego de investigar, por muchos años, distintas opciones de improvisación sobre la escena y en tiempo real; investigación que dispara una conclusión, para nosotros, determinante: ‘escuchar’ es una premisa fundamental para que un cuerpo exprese sentido en escena, para entablar diálogos con otros cuerpos y para posibilitar la construcción de significados espaciales.

 

Escuchar, del latín auscultare, significa inclinar la oreja; una metáfora que implica un tiempo de pausa anterior a la acción, un detenerse para que aquello recogido, ‘escuchado’, sea más verdadero en el instante. El argumento para este acercamiento de trabajo es que la escucha constante y atenta, tanto individual como del otro, permite a cada ser/cuerpo conectarse y comunicar desde un lugar más allá de su instancia externa; instancia que responde a un rostro, primero racional y luego, social.

 

La cultura occidental actual aún responde a una comprensión del mundo heredada de la ilustración: la razón y el juicio como valores máximos de conocimiento, de aprendizaje y de relación con el otro, con lo otro (todo lo otro que nos rodea). Los procesos educativos actuales tienen su base en este mismo principio: la razón y la acumulación de información procesada desde la lógica, como bases de conocimiento. Se trata de un sistema en el cual el niño es instruido a atender a otro que enseña algo que, supuestamente, él debe aprender. Apunta a que el alumno asimile como propio aquello que otro, considerado más conocedor que él, impone; la incorporación de datos externos presentados como conceptos fijos, verdades ya establecidas que solamente requieren ser aceptadas por el aprendiz.

 

¿Se requiere, siempre y solamente, procesar a través de la lógica, y así entender la información recibida? ¿Qué significa ‘entender’? El pensar lógico es parte del conocer pero, no es lo único; por el contrario, es solamente una de las opciones humanas para aprehender el entorno. Viola Spolin, al hablar de improvisación, constata que la única forma de aprender es a través de la experiencia y la experimentación: “nadie enseña nada a nadie” (1999), dice. Para ella aprender es penetrar el ambiente de forma alerta desde los tres niveles de conocimiento humano: uno intelectual (sí, la razón y la lógica), otro físico y otro intuitivo.

 

En la escolarización de un bailarín, la razón, nuevamente prima en la lógica del cuerpo y el movimiento, y desde allí, ha dado crédito primordialmente a aquello que el ojo constata desde fuera: el músculo, la posición correcta, la forma bailada, y a partir de esta opción de conocimiento externa, se han formulado las técnicas de formación dancística más difundidas. La búsqueda de Talvez es potenciar en el bailarín una vivencia más primaria, animal o inmediata. El método de la compañía impone atender primero a impulsos, sensaciones, intenciones corporales que, al surgir desde el auscultare, se reconocen como propias y reales: cerrar los ojos, respirar y escuchar aquello que de verdad el cuerpo (se) encuentra para decir/hacer/mover. El cuerpo, en su sentir interior, propone otras verdades. La respiración es, quizás, la vía más directa de conexión con el cuerpo por dentro; moverse desde la sensación y conciencia ósea es otra opción, sentirse desde la piel hacia fuera y hacia dentro, conectarse con sensaciones de procesos más internos como el recorrido sanguíneo, el intercambio de fluídos a nivel celular, órganos sexuales, digestivos, etc., son opciones tan reales como aquellas que el ojo mira.

 

El sistema nervioso simpático, que es el encargado de llevar información al cerebro sobre procesos internos como los descritos, no propone una conciencia clara de estas actividades pero, con entrenamiento, es posible sentir estos estados corporales. Y aquí entra otro tipo de información que se funde y entremezcla con éste y todo trabajo corporal para la escena: el proceso imaginativo y la fantasía. La imaginación es una instancia real y una forma de existencia verdadera del ser humano. Félix Guattari habla de la presencia constante del mito, la poesía y la estética como formas reales de existencia, anteriores y paralelas a la razón. James Hillman sostiene que la base de la psique/mente (mind) humana es poética: la palabra imagen, según Hillman, no se refiere a una construcción a posteriori, el resultado de sensaciones y percepciones tampoco se refiere a una construcción mental que represente de forma simbólica ciertas ideas y sentimientos. De hecho, la imagen no tiene referente alguno más allá de sí misma: las imágenes no representan nada, son la psique/mente (mind) (1991). Esta realidad de la imagen y la imaginación se mezcla con sensaciones físicas y construyen posibilidades que pueden definirse y desarrollarse en formas corporales y de movimiento.

 

Los Viewpoints, técnica propuesta por Mary Overlie y recogida por Bogart y Landau, proponen una penetración en el espacio desde los sentidos a ser experimentados más allá (o más acá) de una asimilación racional de la exploración. Se trata de abrirse a la sensación pre-lógica recogida por centros cerebrales que incluyen la amígdala, el cerebelo, el tálamo y el hipotálamo, centros que procesan la información aprehendida de forma directa, acción/reacción, conocimiento/entrega; se trata de una comprensión no lógica del entorno.

 

Desde este lugar, el siguiente reto para los intérpretes de Talvez es ponerse en diálogo con aquello que, a su vez, el otro encuentra para sí en escena: ceder, estar al servicio, escuchar primero; estas son palabras de uso constante en los entrenamientos de la compañía en la búsqueda de una apertura a moverse-con el otro. Un “sujeto es un cuerpo”, propone Marina Garcés; un cuerpo real, individual y presente. A partir de esta idea de sujeto como cuerpo, Garcés afirma que “del yo, al nosotros, no hay una suma, sino una coimplicación”; es decir que una verdadera convivencia comunal requiere relacionarse cuerpo a cuerpo con el otro como el individuo que realmente somos y no como “una primera persona amplificada” (Garcés, 2013). La única opción de una verdadera comunicación surge entonces desde una escucha atenta de doble vía: la propia desde la mayor autenticidad posible del momento, y la del otro en su propuesta, su texto para el diálogo.

 

El tercer eje del método de la escucha, también surge desde la noción del auscultare, esta vez con el espacio, rompiendo con la noción de espacio como ser inerte y la piel como frontera divisoria entre un supuesto afuera espacial y un adentro aislado, separado. La práctica no asume el espacio como un vacío que habitar. Según Albert Einstein, la materia (un cuerpo o un objeto) no es sino energía condensada; paquetes de ondas energéticas o, más aún, conjuntos de supercuerdas vibratorias. Es decir que el espacio en el cual creemos movernos y existir no es un vacío estático dentro del cual todo sucede, sino un proceso continuamente abierto que permite el cruce de redes de energía, cuerpo adentro y cuerpo afuera. (Boff, 2010). Consecuentemente, tampoco la piel se entiende como un límite divisorio entre el yo y el afuera, sino como un ser permeable y poroso; frontera abierta entre un solo espacio que únicamente se continúa.

 

La escucha del espacio, como se ha denominado a este segmento de la metodología de trabajo de la compañía, incluye todo elemento visual, sonoro, olfativo, senso-perceptual y gustativo (éste por último, tiene una conexión directa con el sentido del olfato) que envuelve al bailarín. Es decir, se trata de relacionarse con el entorno desde los cinco sentidos y ponerlos al servicio de cualquier posible expresión que surja desde esa escucha.

El intérprete/bailarín de Talvez se relaciona con los objetos que habitan el espacio, no como entidades desechables ob-iacere, donde ob significa sobre, encima y iacere lanzar, tirar; sino como seres vivos, reales y, como tales, cargados de significados y posibilidades.

 

La consecuencia de estos principios de trabajo es el juego constante entre bailarines, espacio y objetos que se relacionan entre sí, pero siempre desde la sensación, la imaginación y la igualdad.

 

Referencias:

Boff, L. (2010). La materia no existe, todo es energía. [Archivo PDF]. Recuperado de http://www.leonardoboff.com/site-esp/lboff.htm.

Bogart & Landau. (2005). The Viewpoints. Nueva York: Theater Communications Gr.

Garcés, M. (2013). Un mundo común. Barcelona: Ediciones Bellaterra

Hillman, J. (1981). Archetypal Psychology. Dallas: Spring Publications

Spolin, V. (1999). Improvisation for the Theater. Evanston: Northwestern University Press.

En blanco y negro. Mujer que se apoya en pies y manos en el piso y levanta su cuerpo con la cabeza hacia atrás.
Foto: Archivo personal

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