Movimiento del universo

Dibujo en color con trazos finos simulan un rostro.
Ilustración: Camila Enríquez

¿Qué es la danza para ti?

Es el movimiento del universo. El movimiento y el silencio en relación al  tiempo y el espacio; es todo lo que se mueva y todo lo que se aquieta: los planetas, la evolución de la vida. Es un día, es la vida y la muerte. Eso me hace pensar y nutrir mi danza desde otros lugares más amplios; más allá del convencionalismo de la “danza contemporánea”.  La danza es la vida misma del ser humano con toda su complejidad.

La danza es el lugar donde ocurre la magia;  donde la materia se transforma, donde un cuerpo deja de ser un cuerpo humano y pasa a ser un pájaro, un grillo, un volcán, un asesino, una mujer embarazada. Es justamente donde ocurre la metamorfosis de la carne  y ésta puede ser transmitida y captada por el espectador.

Es un intercambio más allá de un entendimiento lógico y racional; es transmisión fisiológica y energética entre bailarín y espectador.

La danza es el movimiento puro, por lo tanto me desapego de la noción de una danza como un convencionalismo. Permitirme a mí misma trascender estos convencionalismos es difícil porque es arduo buscar y lograr esta noción en el mundo institucionalizado de la “danza contemporánea”.

 

¿Cómo bregas con tu profesión en donde debes responder a un lenguaje preestablecido; un lenguaje que aprendes e incorporas?

El proceso de incorporar otros lenguajes es vital para mi desarrollo profesional y artístico. No desecho lenguajes, al contrario, asimilo y aprendo de esas técnicas  pero cuando existe una investigación, por ejemplo piso móvil de Vladimir Rodríguez, me identifico con la profundización de la investigación.

Entonces se trata de establecer un diálogo entre lo que recibo del afuera y mi encarnación, mi silencio, mi anatomía.

Actualmente siento que me deslizo silenciosamente entre lo que la gente ve como  “danza” y como yo siento y vivo la danza. Es esencial para mí que la danza esté viva,  por lo tanto muchas veces entraré en conflicto o en armonía de lo que viene de afuera, pero me refuerzo a mí misma en esa dinámica de contradicciones de cómo vivir la danza.

Lo importante para mí es poder averiguar mi propia organicidad, para recibir los diferentes lenguajes, esto transita con mi estados de ánimo y reflexiones.

 

¿Enseñas lo que bailas?

Yo no estoy interesada en enseñar mi forma de bailar; yo no enseño a partir de mi “modelo de bailar”. Lo que intentaba hacer en mis clases, era establecer un camino y un espacio de investigación del suceder del movimiento. Pienso en el movimiento más allá  del convencionalismo de la danza; esto me permite ver y desarrollar el movimiento lejos de cualquier estereotipo o idea preconcebida de lo que “es la danza”. Mi clase era un espacio para la investigación, me reúso a transmitir modelos de formas. Lo que yo enseño son herramientas de investigación para encontrar y sentir el suceder del movimiento. Los principios técnicos que trabajo en mis clases de investigación del movimiento son;, la observación y no juicio; es uno de los más difíciles. Este principio se establece con la premisa mental de liberarse de la idea de que “hay que bailar” o la presión de crear movimiento. Una de las maneras para llegar a este estado mental y físico es, soltando – entregando todo el peso al piso. El trabajo es “chorrear la carne”, sobre la base de la técnica somática Sistema de Movimiento Fedora Aberastury. Este chorrear de la carne al piso permite, poco a poco, (a veces tarda para unas personas más tiempo que para otras) deshacer las tensiones físicas, expectativas, frustraciones, ideales, dolores crónicos, etc. Otro principio en el que pongo énfasis, es la relajación de la lengua, dentro de la cavidad bucal, para permitir una descompresión de las vértebras cervicales. La relajación de este músculo se refleja en toda la columna vertebral, músculos del cuello y rostro.

También incorporo uno de los conceptos de Lucas Condró, el de las tres esferas del cuerpo: cráneo, caja torácica y pélvica; y cómo éstas se articulan a través de la columna vertebral. Entonces planteo preguntas del tipo;  “¿cómo se puede mover la pelvis?”, recordando que no es necesaria en esta investigación una velocidad en particular o la producción masiva de movimiento.

Cuando se han soltado las expectativas, las creencias, los paradigmas, las tensiones, lo que sucede es que el cuerpo se vuelve más liviano y con una sensación de articulación entre todas sus partes.

También trabajo la mirada en relación con el afuera, como una fuerza de enganche al espacio, como una caña de pescar que pesca al espectador y al exterior. Es otro movimiento la mirada. También trabajo la presencia de las manos, así como de  los pies.

El trabajo de entrega del peso al piso por largo tiempo, puede resultar incómodo, pero esa inmovilidad o movilidades mínimas también son válidas en mi búsqueda del  movimiento,  ya que entiendo la investigación como un proceso de varios estadios.

A veces me sorprende cuando los profesores, en una improvisación de tres minutos, por ejemplo, mencionan “¡genera algo nuevo!”, “genera danza”; esto me llama mucho la atención porque observo una ansiedad por crear algo genuino, algo creativo, algo insólito. Pero esto tiene una trampa, y es esa ilusión de ver algo “nuevo y original” pero sin investigación, sin profundización. Una improvisación puede estar armada de varias etapas y momentos. En ese sentido creo que mi clase es rebelde en cuanto a esta manera de producir movimiento, como la urgencia de la modernidad de tenerlo todo a un click de la mano y además pensando que sea genuino. Esto me parece ingenuo y torpe. La debilidad de la modernidad es que no ahonda y es ahí cuando aparece, una y otra vez, la copia de modelos que se han establecido como máximas de la danza contemporánea; y ocurre todo lo contrario a la premisa de la búsqueda de lo genuino: ocurre la copia; no hay riesgo, hay copias. Entonces mi búsqueda es permitir esos momentos e inclusive las inmovilidades. 

 

¿Cómo aprendes?

Yo aprendo leyendo, observando, escuchando y escuchándome. Aprendo desde la receptividad. También aprendo desde el hacer, desde la curiosidad, desde la reflexión escrita. También aprendo mucho participando de espacios que no tienen que ver con la danza;  como la arquitectura, cine, la meditación, el dibujo, etc.

Aprendo también desde mi propia observación en la vida. No puedo concebir mi cuerpo como instrumento que ejecuta movimientos, sino como un espacio de observación como ser humano.

 

¿Para qué reflexionar sobre las pedagogías en la danza?

Considero que es de mucha importancia, porque es pensar sobre el modo de hacer. Porque la pedagogía es una cuestión ética con el otro, en el sentido de responsabilidad de compartir conocimiento en la formación de una persona y abrir un camino en un oficio en el que el otro pueda indagarse a sí mismo. Es una cuestión de acompañamiento en ese compartir de conocimientos. Creo que es importante reflexionar en la pedagogía de la danza en este país, porque no se lo ha hecho, y es vital preocuparse y observar los “modos de hacer” de cada maestro. Para evitar copiar modelos, casi siempre eurocéntricos. Yo entiendo la pedagogía como una ética en el cuidado hacia el otro, en la entrega de conocimientos acompañando y brindando las herramientas técnicas y creativas.

Recuerdo que cuando empecé a aprender a bailar a los 16 años, fui mejor estudiante en el colegio. Mis maestros de danza me entregaron en su metodología no solamente herramientas técnicas, sino también un sentido de amor, responsabilidad y cuidado sobre lo que hacía. En mi vida me volví más puntual, más responsable y se afinó mi atención. Por lo tanto la pedagogía no tiene que ver únicamente con la entrega de instrumentos técnicos de un oficio sino con el cuidado del otro, y con mostrar un camino para la vida.

 

En diálogo con Paulina Peñaherrera y Javier Contreras, marzo 2021

Fotografía. Escenario oscuro con iluminación. Un hombre de pie sostiene por la espalda a una mujer que está acostada en el aire.
Foto: Roberto Rivera

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