Una intuición nos guía

Dentro de mis indagaciones sobre las prácticas del movimiento, me sentí cautivada por la labor que lleva a cabo, en Ecuador, «el artista-docente» independiente en la enseñanza de la danza, desplegando un lenguaje que en la mayoría de los casos, trasciende las técnicas que aprendió al inicio de su carrera (clásico o técnicas de la danza moderna y contemporánea como Graham, Limón, Reléase, y otras). Me embarqué en este reto de resignificar los sentidos de lo que llamamos pedagogías de la danza, entusiasmada por descifrar lo que nos ofrece este campo tan poco explorado, buscando desentrañar la riqueza de su-nuestro conocimiento, los caminos que les-nos habrían llevado a enseñar de una manera específica, acudiendo a ciertos aspectos de las técnicas más que a otros, planteándonos objetivos y necesidades en cuanto a sus-nuestras pedagogías en relación al contexto al que pertenecemos y al lugar que sentimos-deseamos ocupar en el mundo.

Esta ha sido una tarea compartida, una travesía de largo aliento. Invité a Genoveva Mora al inicio del año 2017. Juntas recorrimos Quito, Cuenca y Guayaquil, porque a simple vista parecía que el puñado de profesores y profesoras de danza estaban asentadxs en estas ciudades: Klever Viera, Amelia Poveda, Jorge Alcolea, Javier Delgado, Oscar Santana, Lorena Delgado, Fernando Cruz y Josie Cáceres en Quito; Clara Donoso, Cristina Bustos, Ernesto Ortíz, en Cuenca, Jorge Parra, Omar Aguirre, Nathalie Ed Goul, Santiago Harris en Guayaquil. Genoveva observaba la clase, yo participaba en ella como alumna. Desde la práctica y la observación reflexionamos con ellxs sobre los lenguajes del cuerpo y las maneras de hacer para transmitir, compartir o dialogar con otrxs a través del movimiento danzado ¿Qué es entonces enseñar danza?

En ese mismo año, aplicamos a fondos concursables del Ministerio de Cultura (IFAI) para juntarnos y dialogar sobre nuestras prácticas y los diversos aspectos que fueron emergiendo como insumos de la relación enseñanza-aprendizaje. Este encuentro nos permitió reconocernos, visibilizar el desafío que viven-vivimos lxs bailarinxs independientes en nuestro contexto, para producir, crear y enseñar danza, a veces, sin recursos o sin un espacio adecuado, teniendo que recurrir al apoyo de amigos o familiares para realizarlo. Redescubrimos sus-nuestras habilidades para crear, pese al -sin presupuesto- constante. Visibilizamos la rigurosidad de las búsquedas personales, tanto en el entrenamiento cotidiano, como en las vertientes de enseñar y las prácticas de creación.

El año 2018 fue un tiempo de pausa, una tregua imprescindible, tiempo necesario para regresar a la investigación, completando la mirada sobre otros aspectos que, intuía, involucran las pedagogías. Inicié una maestría en estudios de la cultura orientada a género e investigación. Buscaba acercarme a mis preguntas sobre el cuerpo, sus significados y sus contenidos, no solo desde el movimiento, la somática y la danza, sino desde la antropología y los estudios del cuerpo, la diversidad y la diferencia. Como suele suceder con las vivencias fuertes, este proceso despertó en mí una profunda crisis, brindándome al mismo tiempo un enorme aprendizaje.

Retomé la investigación en el año 2019, presintiendo que había mucho material por descubrir, y todo dio un giro. Para abrazar esta nueva etapa invité a dos compañeras creadoras, bailarinas e intérpretes; Gabriela Paredes y Viviana Sánchez. Un trío. Nos juntamos cada viernes por la tarde en la cafetería de la Universidad Andina Simón Bolívar movidas por el deseo de visibilizar sus-nuestras formas de hacer clase para enseñar danza, así como la manera en que su-nuestro cuerpo aprende. Nuevamente, la pregunta se convirtió en una compañera exigente. ¿Cómo piensa el cuerpo la danza? ¿Qué cuerpo piensa la danza, hoy? ¿Cómo la habitamos, qué queremos transmitir? Nos dedicamos a observar clases, sentirlas, percibirlas y a tomarlas, en una suerte de observación participante viva, que permite hacer consciente el lugar que ocupa el cuerpo en esta relación peculiar de enseñar danza. Luego conversamos y escribimos sobre ello.

Como huracán llegó a nuestras vidas la amenaza del contagio del covid. Nuestros cuerpos entraron en un encierro obligatorio. Surgieron tantas preguntas. Desde marzo del año 2019, transitamos hacia otros modos de existencia. Sentimos miedo, preocupación y perplejidad. Experimentamos toda clase de situaciones, perdimos trabajos o bien nos vimos obligadxs a cambiar las estrategias para realizarlos. Al mismo tiempo, por alguna ventana de nuestro corazón, empezamos a relacionarnos con el vasto mundo, y esto, nos hizo mucho bien. Para nuestra danza fue un cambio abrupto, un aprendizaje a veces doloroso, así como creativo y mágico.

Lo recuerdo mientras escribo, quedarme en casa fue reconocerme doblemente dentro, mi cuerpo-casa, mi casa-cuerpo. Fuerte esa experiencia de no salir, no movilizarnos, no interactuar con el afuera social, y dedicarnos a inventar maneras tan otras de alimentar y nutrir la vida entre todxs. Cambiamos las cosas de lugar, hicimos huertos, construimos hornos, creamos mundos pequeños; aprendimos a hacer cremas, pastas, conservas, a dar clases en línea, expandiendo la mirada para percibir lo micro a través de la pantalla, acompañamos muchos momentos de estrés y también descubrimos otras maneras de hacer conciencia sobre la situación compleja del mundo. Lo micro nos acercó a la indispensable experiencia de compartir con otres, y además, puso nuestra atención sobre lo que estaba sucediendo en las políticas globales y sus interacciones. Fue un proceso crítico y a la vez sanador, descubrir que desde el hacer de cada unx, tejemos vida.

Nuestros viernes siguieron siendo nuestro espacio de encuentro. Nos conectamos con otrxs colaboradorxs, maestras y maestros, artistxs, creadorxs: Carolina Váscones, Sofía Barriga, Cristina Baquerizo, Camila Enríquez, Lemia Boudhiaf, Milena Rodríguez, Carolina Atencio, Irina Pontón, Esteban Donoso, Fabian Barba, Laura Alvear, Cristina Tacuri, Vanessa Perez, Carolina Pepper y Ana Jácome. Pusimos la mirada y la atención en su trayectoria personal, preguntándonos: ¿Lo que han-hemos aprendido e integrado ha generado un lenguaje propio? ¿De qué manera su-nuestro hacer, enseñar, aprender ha generado prácticas de afecto y de respeto, espacios de autonomía, de reflexión crítica y abierta? Nos dimos tiempo para reflexionar con todxs estas y muchas preguntas, y les invitamos a producir sus propios archivos para compartir sus apuestas.

Finalmente, porque en todo proceso colectivo, coral se alumbra compartiendo, damos apertura a Archivos Vivos, a través de una plataforma virtual en construcción, que seguirá alimentándose con la participación de todxs, nosotrxs y nuestrxs lectorxs. Desde la disidencia creativa convertimos al libro pensado, en un no-libro, un libro a imaginar, hoy, un tejido vivo que repiensa la danza y reflexiona sobre los insumos de las pedagogías en danza recabados de manera minuciosa y atenta, como un acto de insurgencia corpo-hablado. Proponemos un espacio seguro, no formal, como clave para una conversación sin jerarquías. Dejamos abierto el proceso para que la indagación en el universo de nuevas pedagogías y de las artes escénicas, continúe.

Seguimos creando complicidades.

                                                                                                                               Paulina

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