Dagmar González

Sí puedo asegurar algo de mí, es que me encanta estar descalza. Mis padres un poco extrañados suelen contar que a los tres años ya estaba hablando, gritaba cuando me enojaba y susurraba cuando decía que los amaba, jugaba a tener muchas voces y a nombrar todo lo que se me atravesara, usualmente despeinada y con alguien de fondo repitiendo “ponte zapatos que te vas a enfermar”. Un punto sin retorno en mi camino fue la decisión de descubrir mi danza. Siento que como me muevo en el único e irrepetible presente se alimenta del espacio que hábito, nada está inmóvil, nunca. Abrazó la idea de percibir mi cuerpo como un portal que resuena y que le atraviesa el tiempo en vertical, con todas mis yo’s ya vividas y aún en movimiento y esa voz que desde hace algunos años se ha ido expandiendo al resto de mi cuerpo…y por supuesto, tratando de estar descalza la mayor parte del tiempo.

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