Sebastián López Parra

Siempre estuve en silencio mirando como la vida sucedía, recuerdo el sonido de las gotas de lluvia que caían durante el invierno. El agua se acumulaba en las canaletas y caía libre a chorros sobre mi cabeza, era una casita en las afueras de Santiago, donde viví la infancia que me tocó. La escritura ha sido una forma para ir deshilando todos esos eventos repentinos que me sacudieron: la migración, la clase, la etnicidad, el género, las violencias, el cuerpx, las infancias, la ecología, la pedagogía, todos tejidos interconectados que me inquietan, me atraviesan y forman parte de mi propia porosidad. Aquellas pequeñas fisuras que se expresan como sensibilidad latente, vulnerabilidad que me permite recibir la vida como llega, dándole sentido a partir de lo que como humanidad soy. Sigo encontrándome en las miradas de les otres, en sus voces y sobre todo, en sus fracturas. Me gusta caminar en la orilla del mar con mi hija, escuchar como su voz se mezcla con los sonidos que emiten las olas, la espuma deshaciéndose y su risa, la fugacidad, lo efímero, el presente.

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