“Exploramos”

Sigamos con las danzas, aunque tenga que ser desde nuestros dispositivos y en los dos metros cuadrados improvisados. Resistimos a los encierros, a las pérdidas y al

confinamiento, resistimos bailando.

Explorar según la RAE significa:

Reconocer, registrar, inquirir o averiguar con diligencia una cosa o un lugar.

¡Bienvenid@ a esta lectura – exploración!

Leer en voz alta, imaginar el movimiento, visualizar cada parte del cuerpo:


Exploración 1

Buscar una posición cómoda, tendida/tendido, sentada/sentado; una posición que le

permita sentirse a gusto y que le ayude a concentrarse.

Reconozca las partes del cuerpo apoyadas o que puedan estar en contacto con el suelo

o el mat (colchoneta), como la nuca, los omóplatos, el sacro, las pantorrillas, los talones

y con ello dé cuenta del peso de su cabeza, los hombros, el tronco, las piernas. ¿Es

posible percibir los puntos exactos de estos segmentos que están en contacto con el

suelo?

Permita que la gravedad haga efecto en su cuerpo, no resista. ¿Puede dejar caer más

sus hombros? ¿Logra soltar la mandíbula? ¿Puede sentir que el cuello, la cintura y las

corvas (parte posterior de las rodillas) flotan?

Ahora, note el movimiento de su tórax en la respiración, identifique su esternón y la

dirección hacia donde se mueve en la inhalación. El devenir de la respiración es la acción

humana más vital, es lo primero y lo último que hacemos en nuestra existencia.

Comience a movilizar gradualmente las partes más periféricas de su cuerpo: manos,

pies, coronilla, coxis. Distinga las pequeñas movilidades de los dedos de sus manos y de

sus pies, observe algunas similitudes o diferencias en las movilidades de estos dos

extremos que acabo de mencionar.

Si se distrae durante la lectura, vuelva a pensar en la respiración por unos segundos y

retome.

Si el foco se dirigió al coxis o a la coronilla, fíjese en su relación con la columna vertebral.

Puede mover uno o dos de estos extremos y visualizar las curvaturas que se dibujan en

el eje axial. Mantenga su atención en este eje central observando cómo el movimiento

se direcciona a diversos puntos espaciales; intente imaginar (o recordar) cómo sería este

movimiento dentro de los límites del vientre materno, donde los brazos y piernas son

sostenidos pero la columna puede moverse con libertad en medio de un entorno acuoso

y confortable.

Cambie su atención a los brazos y piernas, empiece a percibirlos a partir del movimiento.

Desde la posición en que se encuentra busque articularlos y empiece a tocar el aire y

llevarlos al espacio, permita que todo sea espontáneo, como los reflejos primarios de

un bebé que, a futuro, se integrarán para complejas coordinaciones motoras.

Ahora que ha instalado movilidad en sus extremidades, le invito a descubrir lo que está

más allá de su kinesfera (espacio personal). Observe. ¿Hacia dónde le lleva su mirada?

¿Qué lugar, objeto o color llama su atención? Puede ir hacia allá, pero hágalo poco a

poco. Ruede, deslice, empuje, distinga las superficies del cuerpo que se apoyan en los

desplazamientos. ¿Qué surge? Quizá repta, gatea o hasta se puso ya de pie y empezó a

caminar. Con la acción que haya surgido espontáneamente solo procure mantener su

mirada activa, reconociendo cada detalle del espacio. Deje que el sentido de la vista le

guíe y se transforme poco a poco en un motor. Diríjase hacia el afuera, toque con la

mirada. Abrace con la mirada.

Empiece a examinar la manera en que su cuerpo atraviesa el espacio, piense que el suelo

es un lienzo o es la arena de una playa, donde su desplazamiento deja una huella. Podrá

entonces reconocer las trayectorias que se dibujan en esa superficie. No se apresure,

vaya con calma para que pueda observar esos trazos en el espacio.

Va a recrear cada línea que está pintando con su desplazamiento y escoja unas pocas,

vuelva a recorrerlas, de diferentes maneras, con distintas locomociones. Camine, corra,

salte, gatee, avance con la libertad que necesite y no se detenga.

¿Cómo está su respiración? Si se agitó, solo profundice la inhalación y suelte el aire en

un suspiro. Así, las veces que necesite.

Continúe viajando por el espacio, ahora, juegue con el tiempo. Avance con rapidez,

cambie la velocidad cuando lo requiera. Haga en ciertos momentos un silencio y regrese

con más ímpetu. Piano/piano, andante, allegro, presto. Solo recorra con los matices del

tiempo.

Empiece a buscar la quietud de a poco, decrecen los desplazamientos y las movilidades

del cuerpo. Escuche su respiración. Escoja un lugar y haga una pausa en la posición que

sea mejor para usted, cierre los ojos y observe la estela del movimiento que viaja por su

cuerpo, vuelva a escuchar su respiración. Distinga la diferencia de cuando inició la

exploración, sin sacar conclusiones, no es necesario; solo reconozca, registre y sienta.


Frente a su entorno, el hombre no es nunca un ojo, una oreja, una mano, una boca o

una nariz, sino, una mirada, una escucha, un tacto, un gusto o un olfato; es decir, una

actividad, una postura de desciframiento.

David Le Breton


Exploración 2

Escoja una posición donde su cuerpo consiga estar más activo o alerta, sentada/sentado,

o puede ser de pie.

Busque que esta posición en la que se encuentra sea agradable, confortable. Cierre los

ojos.

Junte sus manos, mantenga los hombros relajados, sienta el roce de las palmas, su

temperatura, frótelas una contra otra con suavidad y cada vez a mayor velocidad,

perciba la energía que se genera. Lleve las palmas a su rostro e intente relajar el

entrecejo, la mandíbula, su lengua. Vuelva a frotar las palmas de las manos durante unos

segundos nuevamente y, ahora, deslícelas con calma por su cuerpo; empiece por sus

brazos, sus hombros, el cuello, el tórax, la pelvis y vaya bajando gradualmente hasta

llegar a los pies. Descubra en este recorrido la superficie, los contornos, e intente

imaginar el mapa corporal que describen las manos. Sienta con su tacto, la rótula, su

tibia, su costilla, la clavícula, su nariz, su oreja. Podrá imaginar con claridad las formas,

las texturas.

Continúe con los ojos cerrados.

Nuevamente junte sus manos, ahora entrelace sus dedos y presione una contra la otra,

de menos a más. Piense en un dimmer de luz, esa perilla que funciona como regulador

con la cual se puede disminuir o aumentar gradualmente la luz de una sala o habitación.

Intente jugar con ese dimmer que, en este caso, graduará la energía o la fuerza con la que

presione sus manos, de menos a más y de más a menos. Finalmente, mantenga una

presión moderada y empiece a recorrer por su cuerpo, amasando con cada una de sus

manos, identifique las partes blandas, la musculatura, la carne. Viaje hacia lo más

profundo, debajo de la piel. Desde la cabeza hasta los pies.

Regrese a la posición inicial. Dibuje mentalmente aquel mapa corporal, con más detalles en

cada rincón de su cuerpo. Transite entre su muñeca y su codo, entre el coxis y la

coronilla, entre su ombligo y el pubis, entre talón e isquion.

Reúna las yemas de los dedos de sus manos, con sutileza, que se correspondan cada

dedo con su igual, índice con índice, pulgar con pulgar. Ahora, con ellos, empiece a

percutir por cada segmento de su cuerpo, golpecitos ágiles y enérgicos sin hacerlo con

demasiada fuerza; por sus pómulos y el cráneo reciba el eco de ese percutir, escuche la

resonancia en el tórax y trace una línea entre el esternón y la columna dorsal. Escuche

el sonido de sus huesos, note la vibración en sus órganos.

Vuelva a la posición inicial y concéntrese en esta experiencia.

¿Qué hace que el tacto nos dé el poder de una existencia? Volvemos al presente con el

tacto, nos miramos desde adentro. Aparece el “yo”, pero también el otro/la otra.

Reconocemos nuestro lugar en el espacio. Miramos desde el primogénito de los

sentidos: el tacto.

El tacto y el movimiento se corresponden, tocamos y somos tocados por el suelo, el aire,

la ropa, por nuestra propia mirada, por nuestra propia respiración.

Dialogar desde la escucha,

escuchar desde la observación,

integrar desde la comunicación,

responder desde la integración,

observar desde la curiosidad,

liberar desde la contención,

decidir desde la libertad.


Exploración 3

Prepare un dispositivo electrónico que le permita escuchar música, el tocadiscos, la

radio, su teléfono celular o la computadora, busque su Playlist favorita y empiece a

escucharla. (Si no tiene una Playlist recomiendo que la haga… para vivir es necesario

escuchar música).

Camine, observe, mueva suavemente las articulaciones.

Ahora baile hasta que no le den sus piernas o, baile hasta que sonría sin motivo

aparente.


Exploración 4

Elija una ventana o una puerta de su hogar, que esté cerca del exterior. Siéntese

cómodamente y también cierre los ojos. Suspire y escuche su respiración, varias veces.

Si necesita reacomodarse, adelante, no reprima un movimiento necesario.

Ahora, reconozca un sonido, el más próximo, piense en sus características, ¿es agudo

como el canto de un pájaro o grave como el sonido de un trombón? ¿Puede imaginar la

forma de aquello que está produciendo ese sonido?

Escuche más allá, identifique un sonido que viene de más lejos, de la calle, de la casa de

la vecina, del auto que pasa, de la conversación de unas personas que pueden estar

transitando por allí o del ladrido de un perro. Imagine el espacio a partir de lo que está

escuchando y visualice el entorno, la distancia desde donde proviene, intente dibujar en

su mente el rostro de la persona que está hablando o del perro que está ladrando.

Aléjese del sonido externo para volver a escuchar su respiración, de a poco.

Ahora solo abra los ojos, camine, escuche, baile, estírese, abrácese, disfrute el

movimiento, goce la danza del cuerpo.


Podemos comenzar cualquier exploración desde un marco conceptual y descubrir sus

orígenes intrínsecos mediante el despertar creativo. Podemos comenzar cualquier

exploración desde la raíz de nuestro desconocimiento y descubrir el patrón tal como se

manifiesta en la forma expresada. El diálogo y entrelazamiento entre ambos es lo que

crea el tejido completo de nuestro yo objetivo, creativo e individual.

Bonnie Baindridge Cohen

Se ve a una mujer desde los hombros y su rostro, usa lentes.
Foto:Silvia Echevarría. El Apuntador

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