Anotaciones sobre una clase de Klever Viera
El despertar del cuerpo

Inicio

Desplazamientos: solicita al grupo abordar el espacio, caminar, sentir su ritmo al desplazarse, sentir como va cambiando su caminar, pregunta entonces: ¿Qué es la danza? Responde, la danza es un caminar con otros.

Trabajo de pies: se sientan en el piso y propone acariciar cada pie, tocar y extender cada metatarso, sentir su forma, su construcción, los tendones, músculos, tejido óseo. Luego dice: distiendo, recojo y subo, desplazo. Jueguen con la música mientras tanto.

Regresa al centro, posiciones de sueño: hay cuatro posiciones de sueño para despertar la columna vertebral. Pasan de una a la otra, en el punto medio, estirar, expandir para ir a la otra, estirar en el medio, búsqueda de variaciones con el piso, posiciones de sueño se vuelven aéreas del cuerpo, cambian, se mueve la columna en el sueño.

Solicita que miren al grupo y destaca quiénes tienen pies desnudos, explica por qué es importante tener los pies desnudos. Parafrasea a Eugenio Barba: –el cuerpo tiene oposiciones naturales, no es raro usarlas en el movimiento danzado-. Había dos monjes budistas que eran los mejores para reverenciar el conocimiento del cuerpo, las danzas de las oposiciones, no se debe ceder a ellas, debes volver a tratar y luego las sueltas, la tarea de un estudiante es estudiar cada palabra.

El tema del centro

Cerrar las costillas para avanzar, descubran sus costillas flotantes, les doy una buena  imagen: en el Lago Titicaca los Uros viven en islas flotantes, ahí cultivan. Trabajo de desplazamiento en grupos, uno frente al otro, se miran, se tocan, saltan, se desplazan. Miradas, avances, danza la danza en el descubrimiento del movimiento, que no es algo repetitivo, ajeno a tu ser y a tu alma.

Bajar al centro

Variación con cuentas espirales, brazos, cadera, torsiones, rodillas flexionadas, plegadas. Pequeños saltos, sube, recoge, suelta, sostiene, regresa, desplaza, recoge, balancea, gira, toca, suelta, recoge. Cada cuerpo vive el movimiento de una manera personal. ¿Cómo lo vive, cómo lo hace?

Klever pregunta a sus alumnos: ¿Qué hace el maestro cuando mira? ¿Qué mira?

El maestro crea dinámicas: descubre tu esqueleto, tus coyunturas, integra, acaricia, jala el pie, descubre las metas, el talón. Integra esa tensión, suelta pero controla, se vuelve poder, suelta, presiona, empuja, estira, mete la cabeza en la axila, recoges alargando, sintiendo. Haciéndote cargo del despertar de tu cuerpo.

Describe los movimientos y las acciones mientras hace la clase para sí mismo, dice: hago la clase para mí, también me construyo mientras enseño, me enseño. Relaja el diafragma, bostezando, despierta el cuerpo.

Desplazamientos

Desliza en segunda, en plié, desliza desde los metatarsos, empuja desde los genitales, desliza, respira, queda en plié en segunda, toma impulso desde los genitales, estira, desplaza. El salto es una sensación, no necesito impulsar el peso, solo necesitas tener la sensación.

Klever propone algunos materiales para abordar esto que llama entonar el cuerpo.

Masajes, tracciones, estiramientos en pareja. Una variación de sacralidad con ritmo, brazos, giros, saltos. Cargadas en pareja para descansar la espalda y tomar confianza.

Termina la clase diciendo: en danza el no hacer nada es un reto esencial para depurar el movimiento. Ahora bailemos.

Fin de clase

 

Por Paulina Peñaherrera, septiembre de 2018

 

 

 

ECOS

¿Entrar a una clase-danza o a un universo de danza?

Por Edgar Freire

 

Durante todos mis años estudiando y ejerciendo danza, he tomado innumerables clases, no solo en Ecuador sino en varios países asiáticos. Me he encontrado con diversos métodos, estilos, formas, tradiciones y maestros. Algunas clases forman parte del repertorio más apreciable de mi memoria, impresiones que quedan grabadas de por vida. Sin embargo, muchas de ellas son impresiones indistintas de clases tomadas aquí y allá, no un continuum de una sola escuela o maestro. No puedo decir lo mismo sobre las experiencias vividas durante mi tiempo asistiendo al Taller de Klever Viera, el cual me marcaría de por vida. Pocos centros de danza en el mundo abordan la danza de una manera distinta: formación – impresión; instrucción – filosofía; creación – ensoñación poética. Me indago al respecto: ¿es una rutina de los bailarines tomar clases de danza? ¿Es acaso una idea impuesta que nos dice que debemos estar en formación continua aprendiendo siempre nuevos estilos o ‘evolucionando’ con nuevas formas y técnicas? ¿Entramos con un objetivo a cada clase de danza o nos ponemos en manos del instructor sin indagación alguna? Personalmente he pasado por todos estos estadios, pero siempre tendré en mi memoria más profunda el espacio de Klever y sus enseñanzas o ‘trampas para zorros’ según quieran entenderlo. Sus clases son todo un universo, una morada interior exteriorizada que se refleja en la disciplina personal -aunque no hay ninguna regla establecida al respecto, depende de la conciencia de cada quien-; en la introducción a las clases y al espacio -Klever siempre nos hace conversar y llegar a un acuerdo primero con el cuerpo y el espacio antes de entrar al entrenamiento en sí-; en la sabiduría de cada uno de los fraseos que, aunque conllevan una técnica específica deben ser mirados y comprendidos a través de varios filtros y espejos para ejecutarlos de manera que se traspase lo meramente visible y sensible, y se llegue al terreno de la ensoñación. Ensoñar; quizá esta es la palabra que más identifico con las clases de Klever, aunque nunca sea una premisa ni sea siquiera nombrada. En la ensoñación la conciencia está dividida entre este mundo y un mundo imaginario al cual se entra por invitación del viejo zorro (el maestro). Si uno sucumbe en las trampas de la ensoñación, seguro se perderá en ese mundo, pero para el iniciado es una oportunidad de jugar entre dos mundos, donde el ancla es el cuerpo mismo y la herramienta, la danza.

Innumerables veces entré y salí de esos mundos que, eventualmente, llegaron a ser sendas obras de danza como “El Paso de Mano”, “Traspiés entre Dos Estrellas”, “La Parábola de la Muerte Enamorada”, etc. Pese a viajar al otro lado del mundo, no encontré un territorio de danza similar. Y por eso os pregunto qué hacéis ustedes: ¿entrar a una clase de danza o a un universo de danza?

 

 

Mi sensación de bailar

Hace mucho tiempo que no había habitado la imaginabilidad de un movimiento, de una sensación del movimiento en mi cuerpo; sin duda alguna, esa es la experiencia más maravillosa que Omar pudo brindar a mí ser con esa clase.

La imaginibilidad habita el ser, en realidad lo había dejado de lado, cada respiración, se convirtió en la clase, en círculos que incluso poseían colores, rojo, lila, azul, verde, cada color se convertía en sensaciones térmicas, en el piso llegué a percibir mareo.

Al principio se me hizo difícil entrar en la sintonía y capacidad de imaginar, el piso de la alfombra, los sonidos exteriores, la presencia de papá en casa y que miraba que hacía acostada en el piso. Por lo tanto, intenté aislar mis sentidos para trabajar, algo que no sucedió y era casi imposible, además necesitaba relacionarme a través de ese pequeño aparato que es el teléfono, entonces necesitaba abrir los sentidos al exterior y no cerrarlos.

Entonces, fue ahí que sucedió una especie de escucha selectiva,  todo lo exterior formó parte del momento pero se instaló en mí una necesidad de seguir la voz que  parecía salir de mi inconsciente. Seguro, éstas no son las mejores condiciones para trabajar, extraño la sala de clase; sin embargo, sí fue una clase que me condujo a un trabajo profundamente interno. Cuando me levanté, mi cuerpo estaba tibio, en una conexión con la voz guía y listo para mover mi parte física.

 

Por eso y los círculos que trabajamos que ahora habitan en mí, ¡muchas gracias Omar!.

 

Viviana

 

Klever Viera

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