La pedagogía colectiva desde las prácticas artísticas-relacionales como dispositivos didácticos para la enseñanza-aprendizaje de la danza y lo que habita más allá de ella.

Por: Grupo Colectivo Theatrum: Cuenca 2022

Ilustraciòn: Rigoberto Ordoñez

Hablar de una pedagogía colectiva implica hablar desde múltiples voces, con distintos tonos, intenciones, enunciados, códigos, significados y lenguajes que buscan generar procesos de comunicación, acción, conflicto, cuestionamiento y negociación. Lo mismo ocurre con la danza y el cuerpo cuando se intenta hablar de una pedagogía colectiva, donde los procesos metodológicos y recursos didácticos se producen desde múltiples encrucijadas que, inevitablemente, responden a la heterogeneidad de cuerpos, contextos, pensamientos y estados sobre las cuales se concibe y produce. 

En tal sentido, nuestra propuesta se articula desde las prácticas y experiencias de cada uno de los integrantes del Grupo Theatrum Danza de la ciudad de Cuenca quienes, en nuestro quehacer dancístico y escénico, hemos trazando nuestras propias formas de habitar, crear y fundar el acontecimiento creativo y pedagógico para entender una propia identidad colectiva, asumiendo diversos estilos, técnicas y lenguajes del estilo contemporáneo, clásico y teatral.

Nuestras preguntas de partida son:

  • ¿Cómo podemos trasladar el acontecimiento escénico al acontecimiento educativo para provocar pedagogías colectivas desde la danza (¿subjetividad en acción, espectador y acto relacional?).
  • ¿Cómo se puede producir un dispositivo artístico didáctico con un sentido relacional desde los sistemas y lenguajes de danza?

Estas interrogantes no son puntos de partida; han sido procesos de respuesta en permanente estado de construcción que se han ido configurando en el transcurrir del tiempo y en el individuo/colectivo. En ese sentido, Andrés Rigoberto Ordóñez, quien es el director, creador y docente del grupo Theatrum Danza, a lo largo de 7 años ha ido trazando diversas funcionalidades de aplicación de la danza para la producción de múltiples servicios y sistemas culturales, artísticos y educativos.  A continuación compartimos los testimonios de cada uno de los integrantes actuales de Theatrum.  Esta pedagogía colectiva no solo responde al proceso actual sino también se asume desde aquellos que, por alguna razón, han dejado de pertenecer a Theatrum. Ha sido su lenguaje, también, el que creó diálogo con el nuestro.

Testimonio de Andrés Rigoberto Ordóñez.

Cuando empecé a investigar desde/por/para la danza, reconocí la necesidad de trazar un eje pedagógico y uno artístico-estético, como parte del proceso formativo, creativo e interpretativo. Esto implicaba mirar los múltiples procedimientos relacionales y metodologías activas que permitirían trasladar la experiencia del acontecimiento escénico al acontecimiento educativo y viceversa, con la idea de producir aprendizajes significativos, desde medios experimentales y constructivistas, pudiendo trascender mucho más allá de la escena o el aula. Para mí la misma sala es el escenario, el mismo ensayo es la función y la misma danza es ese lenguaje inacabado, que te da la capacidad de producir de forma permanente significados, desciframientos y traducciones, los cuales pueden leerse antes, durante y después del encuentro (presentación, clase, improvisación, etc.)

En el inicio, no pensé construirnos o pensarnos desde una pedagogía colectiva, pero fue la misma intención grupal la que terminó por configurarla. Todos aprendemos de todos, a pesar de que yo puedo ser esa voz que guía, termino siendo el movimiento que es guiado por el otro. Siempre es importante pensar en todo el sistema o estructura que se planifica en el encuentro, porque ese acto de planificar te permite encontrar los métodos, los recursos, saber a quién y desde quién produces la danza; también es sincerarte contigo y exponerte en el grupo con lo crees y confías, y es transmitir en el proceso de enseñanza- aprendizaje esa creencia, pero no como una forma hegemónica, sino como una ruta que les permitirá proponer otras más. Yo veo a la clase como una dramaturgia donde tiene que haber de todo para que no caiga; una dramaturgia viva, dialógica, abierta, flexible e integral, donde cada miembro de la clase es el protagonista que tiene sus propios conflictos y aciertos, los cuales producen interrogantes personales y comunitarias.

El entrenamiento es un elemento esencial en nuestro proceso. Nos basamos en herramientas de lenguaje contemporáneo mixto, danza clásica, partnering, sistemas de improvisación y creación escénica, dancística y actoral. Los cuales son asumidos desde el colectivo, con    disciplina, acción y reflexión, condensando a los mismos en procesos/productos creativos individuales y colectivos desde líneas de investigación específicas que tiene el grupo. Nada de esto se concibe como un procedimiento cerrado o rígido. Las respuestas aparecen en el hacer y el pausar, pero siempre hay una intención o funcionalidad de hacer algo. No solo basta con preguntarse el cómo, sino el para qué y, mucho antes, desde el qué o desde el dónde parto.  A veces las respuestas llegan en desorden, pero llegan, cuando asumes la tarea con seriedad.

¿Por qué hablar de prácticas artísticas relacionales? Porque de alguna manera los sistemas, partituras, fraseos y unísonos se producen desde una relación directa desde/hacia el espectador/consumidor. Siempre me ha interesado que el público tenga la posibilidad de involucrarse en la experiencia estética desde su accionar en la danza, por lo cual la forma de hacer danza, debía cambiar. No solo me refiero a un hecho compositivo, me refiero a crear una metodología de danza relacional, donde el lenguaje dancístico de movimiento pueda construirse desde otra percepción, con otra finalidad y, por ende, con un nuevo sentido.

Miro a la danza como un proceso integral que, si bien se nutre de formas y contenidos externos, requiere de inferencias personales y colectivas para crear conocimiento y pensamiento. El cuerpo tiene esa capacidad de producir información y no solo lo hace cuando miras/traduces una obra, sino cuando participas en la clase, cuando improvisas desde una premisa, cuando observas cómo se mueve el otro. Siempre estás creando información, pero si le das el foco de atención necesario, esa información no solo se vuelve contenido; se puede volver acción, experiencia, emoción y sentimiento. Uno aprende no solo por lo que le dicen o hacen. Uno aprende sin saber que aprendió; solo lo asumes, no es lo mismo que mecanizar el movimiento. No se trata de reproducir las técnicas, sino de recrearlas, desde lo que somos.

¿Por qué hablar de dispositivos didácticos en la danza? Porque el proceso que propone Theatrum Danza, en su pedagogía colectiva, se hace mediante dispositivos artísticos didácticos que nacen desde los sistemas y lenguajes de la danza, reformulando sus prácticas educativas, creativas y artísticas. Este proceso se ha hecho desde el repensar los siguientes elementos: el contexto/formato de la atmósfera-aula/escena, el rol del artista-docente, el rol del espectador-estudiante, los códigos, lenguajes y recursos didácticos desde la danza y la transversalidad. 

Un dispositivo es un mecanismo que se configura desde múltiples componentes con diversas naturalezas para responder a una funcionalidad u objetivo concreto e, incluso, para proponer conflictos. A veces pensamos que el dispositivo es todo lo macro de una obra, pero no necesariamente. Un dispositivo es una herramienta que cumple diversas funciones en un proceso de enseñanza- aprendizaje que busca construir conocimiento desde la acción-experiencia. Un dispositivo didáctico busca producir el cómo hacer o generar algo. A veces nos remitimos solamente a marcar partituras de movimiento, improvisar o adaptar pasos, pero esto va más allá. Lo que se busca es que la danza no solo sea esa fuente de movimiento, sino sea el medio de crear contenido, expresión, estética, discurso, pensamiento, reflexión, metodología, etc. Los dispositivos que propongo en la clase no son nada si no los acciona/mueve el otro; por lo tanto, las instrucciones deben ser concretas. Uno no solo aprende la danza desde el cuerpo; estamos en un proceso transdisciplinar donde convergen múltiples campos de acción, los cuales entran a juego en las propuestas del grupo.

Finalmente, un ejercicio que siempre me gusta practicar con el espectador, cuando se ha dado la oportunidad, es ponerle en el rol del coreógrafo-descifrador de las propuestas que le presento. Le digo la siguiente premisa: “Hoy tú vas a ser el coreógrafo de la obra y vas a responder lo siguiente: ¿cómo crees que creaste esta obra?”. Después de mirar la propuesta le pido que anote lo más relevante y que luego me lo comparta. ¿Por qué hago esto? Porque descubro que hay cosas que no estoy viendo y que el otro sí. Lo mismo hago con mis compañeros y alumnos; siempre hay cosas que no veo y que el otro las puede mirar por mí, pero es necesario que me las pueda decir, para poder expandir nuestro proceso. Esto para mí es una práctica colaborativa, colectiva y relacional.

Testimonio de Jonathan Xavier González

Dentro de Theatrum, nuestro director, siempre ha creído de vital importancia las múltiples formas de relación con el público. De esta manera han surgido un sin número de acciones, situaciones y actividades didácticas en busca de este convivio. El indagar sobre los textos y la poética de los mismos siempre ha sido un punto focal de la creación ya que, en esta búsqueda, nos vemos obligados a deconstruir su lenguaje, encontrando no solo diversas formas de enunciar un texto, sino que también posibilita la capacidad de reproducirlo, crearlo e interpretar en el cuerpo, en objetos, en situaciones e, incluso, es capaz de crear un dispositivo completo generador de relaciones con el espectador. Esto nos permite disfrutar de una dramaturgia de creación colectiva no solo entre nosotros bailarines-creadores sino, también, con el público que es la pieza fundamental para completar dichas experiencias.

Brevemente me gustaría hablar de una experiencia en específico:

Cuando montamos la obra Instrucciones para despedirnos, en el año 2018, una de las cosas que más me llamó la atención fue la escucha del director y cómo, a través de esta creó, desde una secuencia de 23 abrazos, un texto que, para las presentaciones a futuro, se convirtió en un espacio de comunión experiencial para los espectadores e incluso para mí, ya que parte de dicho texto eran instrucciones para abrazar que un espectador al azar y yo seguíamos al pie de la letra. Cuando menos lo pensaba terminaba abrazándolo y él o ella a mí.  Abrazaba a alguien que no conocía, que no me conocía y, en ese preciso momento, no importaba nada más, nada más que nuestro abrazo. La danza muto.

Testimonio de Ana Arias

En el entrenamiento de Theatrum se aplican diferentes técnicas de danza contemporánea, clásica y teatro. Cada movimiento, con toda su complejidad, se va consiguiendo poco a poco, en cada cuerpo, reconociendo que son diferentes y que se requiere de constancia en el entrenamiento para poder lograrlo. El docente explica por medio de la palabra y del movimiento cada paso. Él acompaña el proceso de cada intérprete-creador siempre desde el hacer y escuchando el ritmo y la forma de aprendizaje que cada uno tiene. En este proceso se ha producido un diálogo horizontal entre los agentes participantes, un proceso de negociación, con las posibilidades que tiene cada uno.

Para mí, un momento importante es cuando mi lenguaje de movimiento se encuentra con el lenguaje del coreógrafo; ahí es donde se produce el diálogo entre ambos para llegar a la creación. Una creación colaborativa, que se produjo desde una metodología compartida, donde los códigos, sistemas y medios se producen desde una comunicación bidireccional que responde a un caso específico.

Testimonio de Diego Chuquiguanga

El proceso creativo dentro de Theatrum danza ha devenido de varias herramientas que nos entrega el director; herramientas tales como frases, textos y demás, que hacen que tengamos una base sobre la cual podemos partir hacia una creación propia, encaminada en pro de la obra. En mi proceso he descubierto dos herramientas que han alimentado de manera muy consistente mi camino como bailarín: el entrenamiento y el fraseo.

El entrenamiento, para mí,  es la herramienta por excelencia, ya que un cuerpo entrenado es un cuerpo capaz de entregar lo que se le pide y necesita. Este es un proceso en el cual se desmenuza cada elemento que compone el movimiento practicado, así como la mirada, la expresión, el esquema corporal, la intención del movimiento, etc.  Todo esto se entrena para que se pueda potencializar al cuerpo, al momento de realizar un fraseo, el cual es el punto donde converge todo lo visto en el entrenamiento. Aquí se pone en práctica lo aprendido, dejándonos ver un resultado de todo lo que se ha generado a partir del cuerpo, la técnica y el movimiento, encontrándome con distintos momentos que alimentan mi formación profesional.  Mi sistema de lenguaje de la danza se ha transformado gracias a las herramientas que se me han otorgado para la creación, una de ellas el fraseo y cómo éste se maneja en este grupo en específico. Mi lenguaje de la danza se ha transformado dejando cosas y añadiendo otras, pero algo que considero importante es la mirada como una herramienta de la expresión, tanto corporal como facial, así como la precisión que produce al generar dirección en el movimiento.

Para finalizar, creo que siempre ha existido una pedagogía colectiva, pues una cosa que se enseña a alguien siempre repercute en la persona que está enseñando. Yo puedo indicar de cierta forma un movimiento y la otra persona lo puede replicar, pero siempre habrá un punto nuevo de percepción sobre el mismo; a pesar de que se produzca un proceso de adaptación, siempre hay algo diferente. Este acto me permite mirar a ese proceso como una posibilidad que antes no concebía y que ahora se puede volver un nuevo camino.

Testimonio de Daniela Maldonado

Desde que comencé mi camino por las artes escénicas, tuve la necesidad de permanecer sentada durante seis meses viendo cómo los otros cuerpos podían expresar movimiento con sus cuerpos. Esos seis meses me permitieron inconscientemente asimilar una de las tantas formas de aprender el movimiento y posteriormente una danza coreografiada en mi cuerpo. De alguna manera en mi cabeza todo iba tomando sentido, pues los movimientos se iban enlazando como piezas de rompecabezas. Tal vez mi cuerpo aún no encontraba el ritmo y no se sabía los pasos tal cual pero, de algún modo, entendía toda la estructura, direcciones, posiciones, etc., a las que el cuerpo debía llegar. Entonces, en la actualidad, el observar las posiciones del cuerpo me ayuda a fijarme en los detalles que de él emana, pues me parecen importantes esos detallitos porque considero que, a través de ellos, se hace presente la esencia del movimiento.

El grupo tiene ya una manera de presentar y hacer danza. Las estructuras a la hora de crear una coreografía ya están definidas: dúos, solos, grupales, entradas y salidas del piso, cargadas, etc. A la vez, dichas estructuras están ya comandadas por situaciones, es decir, un grupo realiza una escena de amor, el otro una escena de pelea, otro aborda el desamor y el final de la coreografía terminará con la muerte, ya sea física, emocional, espiritual de algo o alguien. Es decir, la danza se compone y aprende desde situaciones.

También, es importante para mí, cuando estoy ante otros cuerpos, no imponer lo que yo soy en el movimiento y en la danza. Tal vez mi cuerpo tiene asumidas ya ciertas estructuras corporales o ciertas formas de hacer danza y movimiento que el cuerpo de la otra persona aún no tiene; entonces, siempre trato de que se cree un diálogo tanto hablado como en el trabajo corporal, para entender, llegar a un consenso y hacer del proceso algo mutuo y consentido.

Testimonio de Erika Campoverde

¿Cuál es la manera correcta de llegar a los alumnos?

Durante mi formación como bailarina me han vinculado a métodos como el premio-castigo, para obtener resultados, pero esto no ha hecho más que introducirnos en un ambiente de temor, presión y estrés, siendo un impedimento para el desarrollo de la creatividad, quitando completamente el interés del intérprete y reduciendo el asumir nuevos retos en la creación de obras dancísticas.

Para evitar esos estancamientos, para mí ha sido necesario establecer un ambiente de respeto y confianza, con la intención de que el artista pueda crear y expresar con libertad sus emociones, así como darle el espacio al director para que pueda construir con los materiales que el intérprete le pueda ofrecer. Todo esto es un trabajo cooperativo. En este caso nosotros tratamos de manejar la danza, no solo como una técnica, sino como un proceso humano, que necesita del otro y de sí mismo para responderse. 

Cierre

Cada uno de estos testimonios buscan crear un acercamiento desde múltiples voces, experiencias y acciones a esta idea de pedagogía colectiva, que no produce una sola metodología, sino varias, las cuales responden y se actualizan según las diversas necesidades que, como grupo e individuos, se nos pueda presentar.

Elaborado por: Erika Campoverde, Daniela Maldonado, Ana Arias, Diego Chuquiguanga, Jonathan González y Andrés Rigoberto Ordóñez

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