La poesía de la fisicalidad

Silueta ilustrada de una mujer. Mira hacia al frente mientras flexiona su cuerpo para realizar un trampolín hacia atrás. Se remarca su sexo y sus senos.

La fisicalidad tiene el don, a diferencia de las otras artes, de encontrarse próxima a algo sublime, algo abstracto, soltando la razón y entendiendo al cuerpo como un ser sensible, permitiendo encontrar esa poesía sin tener que tener un concepto preexistente, una historia. Cada uno escribe lo que quiere, cada uno siente con todos los sentidos, que se mueve, que se construye a partir de esta realidad tan propia.

Mi forma de crear surge desde una espontaneidad, desde la improvisación. -tengo ganas de decir un montón de cosas-. No importa si el otro va leyendo lo que estoy diciendo, no me interesa. El intérprete va a bailar con amor, lo voy a vivir al máximo. El movimiento del cuerpo genera emoción y puedes soltar la cabeza, puedes entrar en este lenguaje corporal, es un estado que se gesta a partir del movimiento.

La cabeza es la que nos llena de fronteras, los bordes se desbloquean cuando soltamos la cabeza. No me interesa ser vista, la espectacularidad y la demostración, sino lo que estoy viviendo con mi cuerpo, soy un pájaro, una culebra, estoy rolando. ¡Ayyyy! ¿Se ve como lo que hago o no?

En el momento en que hago una puesta en escena, hago una función, lo hago porque quiero comunicar, quiero que algo se mueva -pero no me preocupo de eso- porque cuando uno hace -como sí-, es distinto que cuando uno hace sintiendo, siendo.

El hacer, lo conocí con el butō[1] En Japón en 2004, había una persona sorda, yo no podía dejar de verla. Él no hacía como si estuviera haciendo algo, decía: -no hagas como si fueras el viento, sé el viento-. Mi personalidad me da para ser performer, mi ser es.

En mi trabajo ha estado muy presente esta manera de buscar el movimiento, de crear, en esa acción, a veces cotidiana, básica, desde dónde se desplazan muchos sentimientos y emociones, a veces sólo mediado con el hecho de cambiar de contexto.

Hago danza contemporánea desde los 16 años, trabajé con mortales, necesitaba algo rígido, algo en serio. Puedo fallar en muchas cosas, pero no en la danza, me gusta tirarme de los edificios, no tengo vértigo, me he convertido en una filosofía de creación, de danza. Hago todas esas cosas, performances, contact, desde esta motivación interna.

La fisicalidad en ese cuerpo que vive intensamente, la poesía sería como sinónimo de experiencia. La poesía de la fisicalidad, asumiendo que no es un ámbito metafórico sino una parte del ámbito de lo real, no hacer como sí, sino que es.

Hay un diálogo con la vulnerabilidad, con el límite, como si el compromiso se diera a través de esto. La seguridad de que voy a llegar al otro lado cuando me lance, la creación, desde inhabilitar partes de mi cuerpo y ponerme conflictos para habilitar más hacia donde dirijo el foco de atención. Entender cómo muchas veces las cosas más básicas, te llegan con más fuerza y son más inclusivas. No tengo palabras, estamos en una vida formada en espiral, una parte la estoy buscando y otra está rezagada en el futuro, a la vez mi cuerpo está en el presente desde dónde yo puedo alejarme o permanecer, es la vida misma.

Por eso me enamoré del contact improvisación, es una práctica que no fue hecha para ser vista. Es más que eso, en un espacio de jump, te cruzas con unos que tienen lindas danzas, con otros que tienen una energía que no te corresponde, pero igual bailas. Cuando bailas estás sosteniendo al que está en el aire. Es una filosofía, la vida misma es un constantejump, uno busca espacios vacíos para pasar, no me voy encima del otro, es una conciencia que ya está, la vamos despertando. Vivo en una relación que es la vida misma, podría llamarla así -la vida misma-.

Esta dialéctica entre el cuidado y el límite ¿Cómo es con tus estudiantes?

Tengo ejercicios diversos para todo público, exijo ciertas cosas, lo pongo por niveles, si voy a hacer un salto, y no voy a llegar no lo pongo. Esperando que los estudiantes se atrevan. Yo doy clases de acrobacia en línea. Cada uno está en su ejercicio, debo cuidar a cada persona para que esté a su nivel. Entreno luego de no haberme entrenado y luego de una semana voy a retomando el ritmo.

Me interesa la quietud y el detenernos, en la clase, en el día. En una frase tenemos puntos y comas, en la danza hay mucho que decir, hay tanto que hacer, tanto, que luego ya no logras ver nada. Cada vez más, en mi vida, encuentro la tranquilidad mental, espiritual y traslado esta relación a mi vida y a mi profesión.

¿Tu formación como gimnasta ha estado presente en tu pedagogía? ¿Notas un cambio en la manera en cómo abordabas tu pedagogía antes y cómo la vives ahora?

Sí, son procesos de la carrera y procesos en mi vida. Yo era una bala, empecé dando clases a las compañías, me querían contratar para hacer obras y clases. Tenía un acelere, sigo teniendo que aprender a detenerme, a aceptar que yo no tengo la razón de nada, que todas son preguntas que dan testimonios, que son preguntas, no son verdades. Este camino desde la quietud, el contact me dio esto.

Conocí a mi primera maestra, ella hace meditación zen y desde el año 2006 me encontré sin juzgarme, en una práctica entre el zen, la meditación, la danza y el contact. En el año 2012, decidí no dar más contemporáneo porque no quiero que los otros repitan mis frases. Terminé dando impro y contact. Contemporáneo avanzado, el contact es una práctica inclusiva, puede ser esto, pero también puede ser lo otro, todos nos sentimos distintos de acuerdo al momento. No te puedo obligar a nada.

El momento de la pausa es importante, es darse la oportunidad para aparecer y para que el otro aparezca.

Es como en una conversación, silenciarse para que aparezca el otro. La palabra es igual en la danza como en la vida.

Eso de soltar la cabeza, ¿cómo es, a qué te refieres?

Cuatro personas en cuatro lugares distintos, una individualidad personal, ponemos límites entre nosotros. No hay nada que nos diga que no estamos juntos. Entonces soltamos la mente, entramos en un cierto tipo de telepatía. Está sucediendo en Japón, en Bejín, somos colectivo, un entramado con-entre naturaleza-animales, una comunidad. Dejar la mente, la mente pesa, el cráneo pesa, yo comienzo dejando la cabeza en el piso, la hago rolar, arriba, abajo, tienes una tridimensionalidad que te permite soltar. Empecé y sigo en lo mismo, esta interconexión, somos uno.

Este concepto de soltar la cabeza, se da en los ejercicios más físicos, se da en esto del observador, soltando la cabeza sin expectativas, esto se traslada al momento del movimiento. Encontrar tu danza, en el hacer no estoy pensando en lo que voy a hacer, lo hago, vivo el presente. Puedo hacer que la gente viva lo que estoy haciendo, puedo sacarle mucho más jugo que a algo más exquisito. No quiero responder las preguntas, que surjan sensaciones.

El contact impro me entrega el volver a ser niña, a ser yo misma, de llegar al riesgo del juego sin ningún parámetro de competencia, me siento libre, artista, mi lado, mi vida. También me gusta decir cosas, por eso creo, la composición es algo que lleva mi trabajo. El contact fue mi mamá, mi familia, mi espacio, mis vínculos, somos una familia en cualquier lado del mundo, en su mayoría somos gente consciente, respetuosa del medio ambiente, no hay personas agresivas o peligrosas. Es una comunidad amorosa, gente que se dedica a compartir desde su comunidad de movimientos.

Dejaste de dar contemporáneo, en relación a esto: ¿Percibes una influencia de cómo se entiende la relación con el otro, la otra?

No hay ni mal, ni bien si encontramos ese momentum, en contact puede darse lo mismo, pero en contemporáneo hay un preámbulo, ya tienes el fraseo, el punto, el inicio cuando te das las manos. En la práctica del contact todo es una sorpresa, una improvisación.

Me preguntaba sobre el momento de la clase. Yo siento que la relación con los alumnos es súper diferente, la dinámica es diferente, en una clase de contact la relación con el otro se da de otra manera. El tiempo en una clase de estas no es importante, para estar acostados, para rolar, para deslizar, es el encuentro con el otro desde un lugar más orgánico y no tan veloz. No existe ese -tienes que hacer- Hay más un sugerir, un observar, mirar lo que está pasando, cada consigna que salga desde la sensación, la danza sale mucho desde lo visual, aunque depende del profe, me pasa mucho con los bailarines en la compañía, quizás los bailarines lo consideran algo más técnico, pero son ejercicios más inclusivos.

Por ejemplo, en un mismo ejercicio, estoy en una clase con bailarines, quiero que hagan cuatro patas, que pasen por encima del otro, por la espalda, los bailarines ágiles lo van hacer y un público que no tiene buen ojo dirá que lo hacen bien, por otro lado, en una clase de principiantes indagan cómo pasan para atrás, cómo la cabeza queda del otro lado, van a ir pasando desde la sensación, vamos a ver ese movimiento real, deténganse, ojo, esa es la acrobacia, es el resultado, el bailarín vive lo que ya sabe que vive, le pides que sienta, todo se vuelve una muletilla, atreverse a reiniciar para aprender a reaprender.

Mi misión es acompañar y ayudar a que confíes más en ti mismo, hay muchos traumas, descalificaciones. Mostrar que cada uno tiene su esencia y su manera de decir. Todo lo que haga me va a transformar. No me digas lo que el otro tiene que decir, sino lo que tú tienes que decir. Desde la confianza trato de cacharles, desde el movimiento y su estar. Somos un todo, no podemos dividirnos, en un momento soy bailarín, en un momento amoroso, todo eso en un ser. Y desde ahí, ir generando improvisaciones, desde esos conflictos, acudir a las danzas de los otros. Las preguntas no están hechas para ser respuestas sino para cuestionar más, indagar más.

En tu lógica, ¿Siempre hay algo que crear?

Producir una pregunta lleva a algo que no estaba, por eso lo inesperado, por eso la importancia del otro, por eso la importancia del juego. Para jugar hay que comprometerse, hay que tomarlo en serio, si no, no hay juego. Comprométete antes de juzgar si esta danza es buena, comprométete, sácale el jugo. Si te estoy tocando y a la vez pienso que mi mamá no me hace la cena, la danza va a ser un bodrio. Si hay compromiso, hay belleza. Pero en todo. Me comprometo con mis amigos y con mi familia. Los niños se comprometen al máximo cuando juegan. Cuando juegas no te haces el que juegas, sino que si juegas, si cruzas la cuerda, estás realmente cruzando la cuerda. Sí, los hallazgos son colectivos, son un producto de una confusión de sentires, de palabras.

 

En diálogo con Gabriela Paredes y Paulina Peñaherrera. Noviembre 2020

 

[1] El ankoku butō, conocido en occidente simplemente como butō o butoh por su transliteración inglesa, es el nombre utilizado para referirse a un abanico de técnicas de danza creadas en 1950 por Kazuo Ōno y Tatsumi Hijikata.

 

Foto: Vanessa Amores

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