La somática: Un tejido de reflexión crítica

El término somática, somatikos hace alusión a vida consciente y corporal. Deriva de la palabra griega, soma, que significa cuerpo vivido/cuerpo experienciado, tal como fue enunciado, en la antigua Grecia, por Hesíodo[1]. En los años 70 el filósofo norteamericano Thomas Hanna (1928-1990) recupera esta noción para nombrar los enfoques que se estaban desarrollando en ese momento dentro del campo de las artes escénicas, la psicología y las terapias psicocorporales. Desde su práctica, propone una definición de la somática como “interacción sinérgica entre la conciencia, el funcionamiento biológico y el medio ambiente” (1994, 28). Esta interacción, a la que hace alusión, pone de relieve la dimensión tridimensional del cuerpo y la inseparabilidad de los aspectos fisiológicos, psíquicos y espirituales a través de los cuales la existencia humana se manifiesta.

La somática nos coloca en un lugar de total ruptura con la idea tradicional que separa cuerpo y mente como entidades opuestas y diferenciadas, privilegiando lo que se considera ‘mente’ asociada al acto de ‘pensar’ en detrimento del resto del cuerpo, donde simplemente se albergarían emociones. Definido así, en términos meramente biológicos, se genera una supresión del aspecto propioceptivo del cuerpo. Moshé Feldenkrais pone énfasis al hablar de este aspecto de la vida del cuerpo. La propiocepción consiste en la percepción de sí misma, permite el movimiento, el equilibrio y la relación con el entorno, es una dimensión fundamental de todo organismo vivo (Feldenkrais 1997). Es a través de este sentido, que se manifiesta la vida, siempre en relación, siendo el movimiento perpetuo hacia sí mismo y hacia la otra persona desde la materia viva que se es.

Desde este paradigma, Thomas Hanna adopta el término educación somática para referirse a las prácticas corporales que se sostienen en la autopercepción del individuo generando tranformaciones en la persona gracias a ese proceso de percepción conciente de sí (1994). Podría plantearse tambien como una manera de comprender las relaciones entre cuerpo y mente, aspectos indivisibles del ser humano que se enriquecen y modifican mutuamente al tratarse de niveles diferentes de una misma cosa: la persona o soma (1976). En este sentido, la noción de cuerpo se completa, buscando un nuevo contenido en el concepto de soma. Esta otra manera de concebir la relación vuelve tangible la realidad viva del cuerpo y a su capacidad de hacerse a sí mismo en interacción constante con la otra y con el medio.


Distinción soma/cuerpo

La somática hace una distinción entre los conceptos de soma y cuerpo, aunque al hablar de cuerpo y soma, se hace alusión al mismo tema. La diferencia radica en la forma de acceder a la vivencia del cuerpo: cuando es observado desde afuera por una tercera persona percibimos el fenómeno del cuerpo humano, en cambio, si este proceso se da desde la percepción propia mediada por los sentidos (propiocepción), hablamos de soma (Bertherat y Bernstein 1976; Cohen 2013; Gómez 2005). En otras palabras, cuando la persona realiza una acción, como, por ejemplo, mirarse frente a un espejo, obtiene una información sobre la estructura y la forma exterior de su cuerpo, mientras que si se percibe desde adentro, se desarrolla una calidad de atención hacia sí misma, no sólo en términos de observación, sino de apertura a las sensaciones, generando una experiencia unificada de sí, a la que se le denomina soma. Es a través de la escucha activa de la sensación que podemos acercarnos al cuerpo como unidad continúa de autoregulación. “Al sentir lo que sucede en el soma se activan las fuentes de vida y de sentido” (Bertherat y Bernstein 1976, pag 45). Por lo mismo, la somática acude a la conciencia y lo hace a través de la relación recíproca entre movimiento y sensación.

Esta investigación toma en cuenta esta distinción entre soma y cuerpo, pues como ya fue dicho en la sección de ‘consideraciones metodológicas’, acudimos a la vivencia del cuerpo en un sentido de amplitud y globalidad. Lo que percivimos y sentimos se revela como un estado de conciencia, nos damos cuenta de ‘algo’ que sentimos significativo. Recibimos una información de manera amplia, cambiante y móvil. Lo que emerge se lo vive como sorpresa, un descubrimiento de sí en el instante mismo en el que se produce. Este movimiento interno abre el espacio a un conocimiento nuevo, nombra la vivencia interna, repiensa, reconfigura, replantea, remueve todo lo que está estrictamente definido, determinado y categorizado a través de un lenguaje inmóvil, monolítico y determinista. En otras palabras, hablamos de un tipo de construcción de pensamiento constituido a partir de Hanna, algunos investigadores se interesaron en esta noción de cuerpo/soma en un sentido más amplio que la mirada simplista del hecho biológico, aportando de manera consistente en esta búsqueda de nuevas formas para pensar al cuerpo. Francisco Varela hace alusión al fenómeno de la conciencia, desde la perspectiva de la neurofenomenología, para explicar cómo ocurren los procesos cerebrales que fundan la conciencia y la unidad de la vivencia a partir de nociones tales como neuroplasticidad, enacción y emergencia (Varela 2002). Como lo han mencionado otros autores, la conciencia aparece en el vivir encarnado, es decir, en la regulación con el cuerpo entero, en sus relaciones sensoriomotoras con el mundo y en una red íntersubjetiva de acciones y de lenguajes. (Feldenkrais 1972; Joly 2004; Lowen 1991)

En concordancia con esta concepción, Maturana y Varela investigan acerca de la autoregulación de los sistemas vivos o autopoiesis, término utilizado para designar la capacidad de la vida de autoorganizarse y de reproducirse a sí misma (2007). Rosenfield (2005), por su parte, complementa esta noción mirando a la somática como una investigación/acción personal. Este aporte se construye desde el ámbito de la fenomenología del cuerpo viviente propuesto por Merleau-Ponty, para quien el observador es el sujeto de su propia investigación (1986). Es pertinente mencionar que la fenomenología se centra en la descripción de la experiencia, el mundo objetivo está constituido a partir del mundo vivido, es decir de la experienciación del mundo que habitamos.

La percepción ocupa un lugar privilegiado en el pensamiento de Merleau-Ponty, pues constituye la fuente de nuestras referencias a la realidad (aquello que está afuera) y, a partir de ella, a nuestro espacio interior (2000). Para Merleau-Ponty, la percepción está presente en la vida diaria, es lo que permite al sujeto entrar en relación con el entorno y actuar en él. Por lo mismo, esta percepción es cuerpo, el cuerpo es todo; además de ser una organización física, es una estructura experiencial a través de la cual los objetos del mundo adquieren sentido. Se trata de un cuerpo vivo cuyos movimientos prefiguran nuestros modos de conocer y movernos en el mundo (2000). Algunas derivas críticas plantean que la separación del cuerpo es una ilusión, la realidad no está solo afuera, percibimos lo que habita dentro de sí. (Aschner Restrepo 2017; Citro 2011a; Joly 2004; Valcárcel y Bernaldo de Quirós 1994). Es decir, que no podemos hablar de una realidad, sino de realidades, tampoco de un cuerpo, sino de cuerpos y de subjetividades, de vivencias diversas y cambiantes.

La somática desarrolla la misma reflexión epistemológica al hablar de soma en términos de cuerpo vivido o cuerpo experienciado. Ivan Joly[2] lo menciona de la siguiente manera: “la somática se interesa en el movimiento del cuerpo dentro de su ambiente, en la conciencia corporal propiamente dicha, y en la capacidad de ese cuerpo para educarse en tanto que cuerpo vivido” (2008, 14). Esta definición nos acerca a la amplitud y riqueza de su campo de acción. Su aplicación tiene un espectro inmenso en posibilidades pues se desarrolla en múltiples áreas del arte y la ciencia: en la salud, mediante la rehabilitación, la psicología, la actividad física; en el desempeño deportivo y las artes, en el ámbito de la interpretación y de la creación; dentro de la filosofía y el constructivismo; en la educación y la enseñanza en general entendiéndose como bases corporales concretas del aprendizaje. Además, interactúa con las ciencias humanas y sociales, la fenomenología, la biomecánica, la meditación, la biología, la sistémica, las ciencias cognitivas y las ciencias del movimiento. (2004)

Al respecto, Zandra Pedraza alude a la imagen de archipiélago para referirse a la diversidad de aspectos que conforman los estudios del cuerpo (2013). Dada la enorme cantidad de miradas y metodologías para abordarlo, se podría decir que la somática en tanto comprensión del cuerpo y de sus procesos simula este mismo archipiélago. La imagen sugiere la necesidad de no encerrar en un solo campo de estudio esta infinita variedad de aspectos que la conforman. De hecho, a lo largo de estas décadas, la práctica de la somática ha generado procesos de reflexión crítica en torno a algunos aspectos metodológicos de la investigación científica cualitativa que dan cuenta de esta diversidad. Una amalgama de métodos surge desde los años 70 en Estados Unidos, Israel y Europa, luego se expanden hacia América Latina en los 80, junto a los estudios del cuerpo. En Colombia, Brasil y Argentina, emergen espacios de encuentro no formales que dan cuenta de la necesidad de abordar el cuerpo desde su realidad sensible y su heterogeneidad y cuestionan con firmeza la patologización que imponen la medicina y la mirada biomédica tan asentadas desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Algunos de estos métodos, entre más de doscientos existentes en el campo de la somática, han marcado mi camino personal y profesional al expandir mi conocimiento sobre el cuerpo y orientar mi práctica. Estos hacen parte de esta investigación como herramienta metodológica y como paraguas para la reflexión: la eutonía, concepto desarrollado por Gerda Alexander derivado de la gimnasia holística (Dinamarca, 1908-1994) hace alusión a la armonía del tono muscular y a la sensibilidad y conciencia del movimiento más que al simple ejercicio físico; el método Feldenkrais (Israel, 1975) propone la toma de consciencia del cuerpo a través del movimiento; la antigimnasia de Thérèse Bertherat (Francia, 1978) retoma el cuerpo desde la indagación consciente de todo aquello que se encuentra inscrito en la memoria corporal de manera no-consciente, transformándose en patrones de movimiento y en hábitos de conducta, determinando una forma de relación consigo misma y con el entorno; Body mind centering de Bonnie Bainbridge Cohen (Estados Unidos, 1979) estudia el movimiento del cuerpo y del pensamiento, de su inteligencia intrínseca, inclusive la de la célula (1993). Por último, la osteodynamie propuesta por Noelle Alföldi (Francia-1973), aborda la pulsación de la estructura ósea como firma original, única a cada individuo, asumiendo que en la materia ósea se inscribe la memoria de la especie humana. Este método ha sido profundizado y difundido en Ecuador por Pascal de Neufville (1998). A continuación voy a dar a conocer algunos de los principios técnicos y epistemológicos que sostienen cada método.


Desde mi práctica

Han transcurrido 20 años desde que inicié en Francia mi formación en somática con Thérèse Bertherat, Jacques Painter, Yves Lefebre, Patrick Shuart, Monique Stora, Jacques de Panafieu, Jean Michel y Simone Atlani y Francoise Figuiére. Se trata de personas vinculadas a la investigación, maestras y terapeutas del campo de la somática y de terapias sicocorporales desarrolladas en Francia a partir de los años 70, desde una ruptura epistemológica en relación con la mirada convencional de la sicología clínica, la educación tradicional y las prácticas escénicas convencionales.

Llegué a este universo de manera intuitiva luego de haber pasado 4 años formándome como bailarina y profesora en danza contemporánea en la escuela Rencontres Internationales de Danse Contemporaine (R.I.D.C) en París, donde obtuve el diploma de estado para la enseñanza de la danza contemporánea. Paradójicamente, esta formación agudizó mí siempre presente sensación de vivir lejos de mi cuerpo, en una suerte de enajenación que me acompañaba sin lograr dilucidar sus raíces, al mismo tiempo, me brindó elementos de reflexión contundentes relativos a la relación que la sociedad contemporánea establece con el cuerpo a través de prácticas relacionadas al arte, al movimiento y a la pedagogía. Más allá de mis cuestionamientos personales, algunas preguntas me llevaron de la mano en dirección a la somática: ¿Para qué educarse, para qué educar? ¿Qué es aprender? ¿Cómo aprender? ¿Cómo llegar a las raíces?

En la cultura contemporánea, manifiesta Ivan Joly, ciertas artes del movimiento, la educación física y el deporte en general entrenan y disciplinan los cuerpos para alcanzar los cánones de belleza, eficacidad, rendimiento y competitividad promovidos por una educación basada en relaciones de poder (2008). Como menciona Karina Marín (2016) desde los estudios de la discapacidad, esta ideología construye un modelo de cuerpo único, apto para alcanzar resultados. Son cuerpos amaestrados carentes de luz propia, de iniciativa y de cuestionamiento, establecen relaciones de dependencia y paradójicamente alimentan relaciones individualistas ¿Cómo hablar de procesos de aprendizaje cuando el cuerpo se convierte en una mercancía, la meta es llegar a ser ese producto perfecto sin tomar en cuenta el costo humano?

Las personas que hemos pasado por esta vivencia sabemos de manera profunda que esta práctica convierte la vida en una lucha sin fin. El aprendizaje está lejos de ser un proceso de crecimiento personal y descubrimiento propio, se archiva la información que se registra en procesos de formación, sin haberla integrado. La somática rompe con este paradigma ya que su práctica se convierte en un camino de crecimiento personal. Nosotras hablamos de aprendizaje cuando se dan procesos de encuentro y colaboración, cuando la rivalidad no es el mecanismo principal de superación. El sentido es aprender a aprender y desaprender lo que creo haber aprendido.

 La vivencia personal es el medio principal para comprender cualquier aspecto del método y de la técnica. El proceso se da tomando en cuenta la escucha del ritmo personal, no existe ningún objetivo general que norme la búsqueda hacia un modelo estereotipado. Desde mi experiencia puedo afirmar que el cuerpo integra el conocimiento desde la experiencia propia. En este sentido, el aprendizaje nunca termina. Por ello, en resonancia con lo dicho, en esta narrativa presento los métodos desde mi subjetividad, comparto aquello que he integrado en el aprendizaje. Este aprender es el espejo de mi movimiento interno, de mis limitaciones y a la vez de mis habilidades.


Una sesión de eutonía, Gerda Alexander[3]

Siento mi espalda apoyada en el piso, mi respiración expandiéndose. Una voz calma sugiere pensar que estamos yendo hacia los brazos. Pensar el cuerpo es uno de los pilares de la eutonía, pensar deviene en intención de movimiento y en orientar la atención hacia. Estos son los ejes del método de Gerda Alexander, claves para abordar algunos aspectos de la vida del cuerpo que son muy profundos: una mayor flexibilidad tónica, es decir, el estado de reposo de los músculos que ayuda a mantener la postura corporal acorde para cada movimiento; el más amplio repertorio de movimientos y una entrada al universo de lo micro: micromovimientos, microdeslizamientos.

 Gerda Alexander (1996) reflexiona sobre las pedagogías de la danza a partir de su vivencia como alumna y del conocimiento de las nuevas corrientes pedagógicas de la posguerra, lideradas por María Montessori en el año 1924. De esta manera construye su propia pedagogía corporal. Su propósito es conducir a los alumnos y alumnas a la autonomía, a la interrogación desde sus propios cuerpos sobre los clichés de movimiento y los modelos que les trasmitían sus maestros. A partir de esta exploración descubre otras aplicaciones de su técnica que convierten a la eutonía en una herramienta terapéutica cuyo objetivo es ayudar a la persona a desarrollar una conciencia más profunda de su realidad corporal y espiritual como unidad orientando la exploración del cuerpo como descubrimiento de sí misma. Para la eutonía, la persona se convierte en el objeto y sujeto de su propia observación.

Este aprendizaje significó para mí un reencuentro, me llevó, como de la mano a tomar en cuenta un estado de enajenación que me envolvía. Paradójicamente, además de mantener intactos mis dolores más profundos, me protegía de ellos. Esta comprensión, sin que se convirtiera en una certeza estática y perenne fue la conquista de aquello que no había logrado mirar desde ningún otro ámbito de la vida hasta ese momento. Esto despertó un deseo auténtico de adquirir estas herramientas para la investigación y para la práctica profesional, acogiendo la validez de una metodología experimental.


2.2.   La toma de conciencia a través del movimiento, Moshé Feldenkrais[4]

Cada martes a la misma hora me vestía con ropa cómoda para echarme al piso, sentarme o mantenerme parada, a la escucha de mi cuerpo, junto a otras personas. Por algún tiempo sentí culpa de estar dedicada a algo que mis padres y la sociedad consideraba una actividad inútil, muy poco productiva, nada científica, y por lo tanto, poco seria y nada rentable. De hecho, estas extraordinarias formaciones en somática en países como Francia o Estados Unidos no eran tomadas en cuenta en la educación formal, se producían en otros espacios, llamados desde entonces alternativos. Sin embargo, pese a estos temores tan arraigados, en mi sentido profundo ganaba el sentimiento de estarme rehaciendo.

Antes de iniciar la clase, nuestra maestra solía preguntar al grupo lo que deseábamos abordar, aquello que nuestros cuerpos pudieran necesitar. Esto nos llevaba inmediatamente a dirigir nuestra atención a nuestras sensaciones, a escucharnos desde adentro. Alguien solía manifestar un deseo tocándose aquella parte del cuerpo que sentía en dificultad, cansada, ausente o simplemente incómoda. Entonces, ella, como si fuera maga, sugería una amalgama de movimientos que cada persona realizaba en soledad. No había un modelo a quien tuviéramos que imitar. Los movimientos simples parecían insignificantes y sin embargo, nos iban acercando a nivel motor a un estado primordial, algo como originario. Mis ojos cerrados escuchándome atentamente, mi capacidad para percibir desde adentro ampliándose. Era agradable, inmensamente placentero sentir que mi cuerpo dejaba de ser la negación de algo: ser nolinda, noapta, nonormal y descubrir que realizar el movimiento me transportaba a otra esfera de la vida, a la de hacer algo con el mínimo esfuerzo, a la de una respiración amplia y el corazón batiendo. Todo se conectaba, al flexionar una rodilla se movía la cadera y la columna, el movimiento llegaba hasta la nuca.

Los ejes de trabajo de Moshé Feldenkrais (1997) nos hablan de este ‘despertar’ de la inteligencia del cuerpo, para que aquello que creemos imposible se vuelva posible y fácil de llevar a cabo. Así, luego de algunas horas de realizar estos movimientos de manera consciente, dejábamos de luchar contra la gravedad y nuestros cuerpos adquirían una tonicidad propia, jamás normada o regulada desde afuera. En ese estado solíamos sentarnos a conversar, más abiertos y disponibles al encuentro con lo nuevo y lo distinto. Por más que el lenguaje o la verbalización de la vivencia no es el objetivo principal de este trabajo, para enunciar lo vivido y compartirlo solíamos encontrar palabras nuevas que surgían de la vivencia misma. La sensación de habernos reunido con nuestro cuerpo era fantástica, no necesitábamos espejo para verificar. Desaparecían mis temores, como aquel de no lograr lo que el adulto esperaba de mí. No había ojos para sentenciar, ni palabras convencionales para evaluar. No éramos ‘normales’ o ‘anormales’, ‘sanas’ o ‘enfermas’, ‘lindas’ o ‘feas’, nos sentíamos ser. Al salir a la calle, mi ritmo se había transformado, ya no corría caminando, percibía mi espacio interior amplio e ilimitado. Un sentimiento de confianza ocupaba su lugar.


El cuerpo tiene sus razones: la antigimnasia de Thérèse Bertherat[5]

dejamos a los médicos, psiquiatras, a los arquitectos, a los políticos, patronos, esposos, amantes, a nuestros hijos el cuidado de nuestra salud, nuestro bienestar, nuestra seguridad, nuestros placeres. Confiamos la responsabilidad de nuestra vida, de nuestro cuerpo a los otros, a veces a personas que no reclaman esa responsabilidad, que les abruma, y con frecuencia a quienes forman parte de instituciones cuyo primer objetivo consiste en tranquilizarnos y, en consecuencia, reprimirnos. (2012, 11)

Transcribo este texto de Thérèse Bertherat por su lucidez y su vigencia. Su pensamiento reúne una amalgama de cuestionamientos sobre las maneras de no vivir en relación consigo misma, condicionadas por los valores que la sociedad contemporánea impone. Bertherat fue discípula de Françoise Meziéres (1909-1991) investigadora, francesa/vietnamita, quien revolucionó la fisioterapia tradicional en Francia en los años 70 al proponer un método integral que concibe el cuerpo como realidad compleja y unificada. El enfoque de Meziéres cuestiona la mirada clásica que aborda el cuerpo como una máquina a la cual se debe mejorar y arreglar por partes. (Geismar 1993)

Tanto en el campo de la salud, como en el medio académico convencional, Françoise Meziére y Thérèse Bertherat fueron muy cuestionadas, pues a través de sus prácticas se atrevieron a resquebrajar el dominio homogéneo de los hombres de la ciencia, las vacas sagradas del campo de la salud, de la estética y de la medicina correctiva, desde donde se promulga el estar en forma como principio de salud y de vida. Esta forma, sinónimo de un cuerpo perfecto, el cuerpo canónico de la cultura occidental, urbana, del primer mundo contemporáneo, es un cuerpo sin edad, de la eterna juventud, tan eficaz como productivo, al cual acceden solamente las personas de una clase social adinerada.

Thérèse Bertherat, contestataria de esta cultura, se interesó en muchas otras propuestas corporales holísticas, que integró a su trabajo, abriendo una ventana amplia de posibilidades para hablar del cuerpo. Se vinculó a la práctica de Moshé Feldenkrais ya mencionado (toma de conciencia del cuerpo a través del movimiento), a la vegetoterapia de Federico Navarro, quien pone énfasis en los procesos energéticos del sistema neurovegetativo, y en la energía de la libido (1993) y a la Gestalt (Perls y Baumgardner 2006), terapia que toma en cuenta los procesos además de los contenidos, lo que está sucediendo, se está pensado y sintiendo en el momento.


Sentir, resentir, actuar, Body-Mind Centering (B.M.C)[6]

 Acostada sobre el piso en una posición cómoda, escucho mi respiración. Mis costillas se expanden y luego se sueltan. Esto dura un cierto tiempo, el suficiente para que mis sensaciones cambien y nuevas vibraciones aparezcan a través de mis tejidos. También emergen imágenes y se abren emociones. Un sentimiento de tristeza me lleva a otra posición. Escucho el latido de mi corazón e intento seguir el flujo de mi sangre. Desde ese espacio de mi cuerpo me doy cuenta, estoy pensando y sintiendo a la vez. Encuentro un viejo y lejano recuerdo: subíamos desde la casa a jugar al bosque de Miraflores, las seis. Mis hermanas mayores nos envolvían con una soga y nos lanzaban al otro lado de la quebrada, mi corazón batía fuertísimo de miedo y alegría. Todo olía a nigua, esa fruta diminuta de color rosado que abundaba en aquel bosque de mi infancia. Me encantaba el olor…la pena de haber sido llevada lejos de allí emerge, vive en mis tejidos, aunque yo no la recuerde racionalmente…Ahora tomo en cuenta mi piel, primero la capa superficial, y luego, de manera muy lenta y progresiva las demás capas, hasta llegar profundo. Mi piel tiene ojos que miran mi cuerpo desde el interior, me dan novedades increíbles sobre lo que allí está pasando. Mi piel tiene manos y me tocan las zonas que mi razón no alcanza…mi piel piensa, es una membrana porosa que me protege de afuera, deja que entre a mí, solo aquello que me hace bien… La voz que guía la clase nos anuncia que la sesión está por terminar.


 El estudio del Body-Mind Centering (B.M.C) incluye un aprendizaje cognitivo y un aprendizaje empírico de los distintos sistemas del cuerpo: el esqueleto, los ligamentos, los músculos, las fascias, la grasa, la piel, los órganos, las glándulas endócrinas, los nervios, los líquidos, la respiración y la vocalización, los sentidos y la dinámica de la percepción, el movimiento de desarrollo (aquel del desarrollo del niño en el ser humano y aquel del desarrollo de la evolución a través del reino animal, y finalmente, el arte de tocar y de la reorganización somática. (2013)

Bonnie Bainbridge Cohen, su creadora, se dedicó a pensar el cuerpo de manera global. De adolescente hizo una investigación sobre el ritmo y la danza con niños con parálisis cerebral. Luego de su formación en ergoterapia trabajó diez años en un hospital de manera totalmente tradicional donde no le permitían entrar en relación humana con el enfermo ni ocuparse del cuerpo de la persona de manera respetuosa, solo debía dedicarse a mejorar la parte enferma. Al retirarse de este universo biomédico se dedicó a desarrollar el trabajo que actualmente propone: “es un estudio que nace en una época de fusión este-oeste, por eso, trabajamos desde el concepto de dualidades que se funden. Observamos las relaciones que en permanencia somos, llevándonos a reconocer cómo las cualidades opuestas se modulan mutuamente” (2002, 23) Su trabajo incluye el conocimiento de la ciencia y de la medicina occidental, la anatomía, la fisiología, la kinesiología y además el conocimiento de la filosofía oriental.


La osteodynamie, terapia manual global al cuidado del ser: la importancia de la pulsación[7]

Acostada sobre el piso, un almohadón debajo de mi cráneo y otro debajo de mis rodillas. Siento un flujo entre mi cráneo y mi cadera. El tacto de Pascal es suave y profundo, al mismo tiempo material y etéreo. Eso que late en movimiento es mi pulsación. Con los ojos cerrados escucho que viene desde lo más profundo, que el adentro de mi cuerpo es imperceptible y a la vez potente, me lleva a la vivencia del instante, quizás emerge como recuerdo, pero deja de ser pasado, se corporiza en ese instante. Emoción y silencio, un silencio que remonta al mar del útero calientito y tierno del que quizás no habría querido salir, pero también al agua salada del mar del mundo entero, de la cual hago parte y soy. Un espacio ilimitado y a la vez finito. La comprensión de algo que se viene a mí como la consistencia de la miel, se corporiza, pero se desprende. Quizás, una estructura que parecía fija ¿sería una creencia? ¿Qué cuerpo es el mío, esta nueva sensación desconocida o aquella imagen que parecía instalada para siempre? Vivo la ambivalencia, formas de expresión divergentes entre la ruptura y la unión.

Cuando la osteodynamie[8] habla de pulsación, dice bastante. Abre un universo enorme de reflexión que reúne aspectos diversos de la vida del ser y del cuerpo humano vinculados a la naturaleza y el cosmos. Es un fluir infinito que sigue la forma del ocho, está conformado por la dinámica resultante de la tensión rítmica entre dos polos opuestos llamada lemniscata, que caracteriza el movimiento básico de los fluidos manifestándose en la memoria del agua, esencialmente transmisora de información sin límite de tiempo. Esta memoria está presente en la estructura ósea de nuestro cuerpo, pues se determinó durante el periodo de la gestación, los huesos moldeándose a la forma helicoidal, resultado de la tensión entre la fuerza terrestre de la gravedad y la tendencia del agua de regresar siempre a la forma esférica. Se revela a través de la pulsación de nuestros huesos, única a cada persona. Se dice que es nuestra firma profunda. Cada cuerpo nace con ella y la experimenta durante toda su vida hasta su muerte.

Por medio de movilizaciones precisas y profundas, la osteodynamie reestablece la pulsación ósea, es decir, reactiva este flujo/reflujo, desbloquea su energía y despierta la percepción de esta memoria de forma muy orgánica. Además, amplía esta vivencia de manera consciente al encuentro con la historia personal, y aquella que somos como historia de la humanidad no acabada. Hablamos de la memoria evolutiva de la especie humana con la que entramos en relación a través de nuestra pulsación y del encuentro con la coordinación motora[9], trasfondo científico de la osteodynamie, que estudia el movimiento fundamental, o sea, la relación vital entre las diferentes unidades de coordinación que se manifiestan a través de las lemniscatas. (Piret y Beziers 1986)

En suma, como se puede apreciar a través de este relato, cada uno de los métodos mencionados responde a un proceso epistemológico comprometido en la búsqueda de un conocimiento amplio y global, proponiendo una manera práctica específica para llevar a cabo el aprendizaje de la conciencia del cuerpo. Todos estos enfoques acuden al movimiento para llegar a la comprensión. Suele decirse que un proceso somático se da a través del movimiento, siendo el a través, el aspecto esencial en este abordaje; es aquello que conduce y que permite. El movimiento es algo primordial en el desarrollo humano, sin movimiento, escribe Moshé Feldenkrais, no hay vida. (1972, 20)

Clase  Cuenca

Herramientas para un aprendizaje consciente

 

¿Qué es aprender y cuál es la diferencia entre aprendizaje y ejercicio?

El aprendizaje requiere de una condición esencial: hacer de lo abstracto algo concreto.

Para aprender, al inicio, es importante probar, hacer como cada unx puede, indagar, explorar, equivocarse, para ir refinando y descubrir la propia manera de hacer. Ese es el proceso de aprendizaje.  

¿Hay un movimiento bueno?

En este taller vamos a indagar, explorar, investigar lo concreto del movimiento, sus componentes: intención, manipulación, ritmo. Vamos a sentir y a tocar el inicio del movimiento en nuestra organización-cuerpo. Vamos a descubrir la reversibilidad.

Son herramientas que nos conducen a una vivencia placentera gustosa y consciente para mejorar nuestras acciones y la calidad de nuestro movimiento. No hay movimientos buenos o malos.

[1] Hesíodo fue un poeta de la Antigua Grecia (700 a. C.) Se le considera el primer filósofo griego.

[2] Practicante y entrenador certificado del Método Feldenkrais y sicólogo, director del Instituto Feldenkrais de Educación Somática en Montreal, primer presidente de Regroupement pour l’éducation somatique en Quebec.

[3] Paulina Peñaherrera, notas de clase, eufonía. París, 1999.

[4] Paulina Peñaherrera, notas de clase método Feldenkrais. París, 1999.

[5] Paulina Peñaherrera, notas de clase, antigimnasia. París, 2000.

[6] Paulina Peñaherrera, notas de clase, B.M.C. París, 2000.

[7] Paulina Peñaherrera, notas de clase, osteodynamie. Tumbaco, 2009.

[8] Terapia manual globalista creada en Francia en 1979 por Noel Alfoldi. Pascal de Neufville, músico y terapeuta la difunde en Ecuador desde el año 2000.

[9] La coordinación motora: investigación sobre los aspectos mecánicos de la organización motora, desarrollada en Francia en los años 70 por un equipo de fisioterapeutas dirigidos por Susan Piret.

Foto: Registro Cuenca

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

error: Contenido protegido